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México D.F. Sábado 20 de Abril de 2019 | 19:48


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12-04-2019 VENCIDAS CONTRA EL FMI (Y LAS DEMÁS INSTITUCIONES)

 

El malvado Fondo Monetario Institucional (FMI), uno de los cuarteles de los neoliberales, aseguró que México no crecerá al 4% anual en el último año del sexenio. Con cinco ajustes a la baja sobre las perspectivas de crecimiento de país desde enero de 2018, la institución da solo un 2.74% para 2024. 

 

¿Otro sexenio de crecimiento mediocre? No, responde Carlos Urzúa, secretario de Hacienda del gobierno de la 4T y aclara que todos los pronósticos de crecimiento son “adivinanzas”. Con esto, la ilusión de que los economistas del mundo hacen un trabajo serio se desvanece; es mejor conseguirse gitanos con cartas o bola de cristal. Hay más, Urzúa dice que: “Andar pensando en lo que va a suceder en 2024 en un país es extraordinariamente riesgoso.” Es cierto, la 4T vive el momento, carpe diem, para qué creer que el trabajo de un gobernante es prever lo que sucederá en el futuro cercano si existe la emoción de la incertidumbre. La adrenalina anima a las personas.

 

Queda claro que para el presidente López Obrador el 4% en 2024 es posible, como también es factible alcanzar el 2% para este año. Para el resto de las instituciones y calificadoras nacionales e internacionales eso no será posible (ni siquiera para la Secretaría de Hacienda y el Banco de México). El día de ayer, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) recortó el pronóstico de crecimiento para México de 2.1 (diciembre 2018) a 1.7%. Con esto se sumó al FMI que pronostica un promedio de 1.62%; el Banco Mundial (BM) ajustó a la baja a 1.7%; Fitch puso la cifra en 1.6%; pero el más duro fue el Bank of America (¡malditos neoliberales!) que sólo le dio un 1% para este año No hay que preocuparse, es un juego de “adivinanzas”: ¿quién es rojo pálido por fuera, pero tricolor por dentro?

 

Sin embargo, no todo es culpa de la 4T. Todos los análisis hablan de condiciones mundiales adversas, con riesgos serios como la recesión. A América Latina le irá mal, según estas previsiones. Esto es llover sobre mojado, según algunos analistas: nunca hubo una buena recuperación a nivel mundial de la crisis de 2008 ni en el número de empleos, ni en los niveles salariales ni en la salud de las economías.

 

Pero también hay situaciones internas que explican el resquemor sobre la economía mexicana: la cancelación del nuevo aeropuerto de Texcoco, la amenaza constante a las inversiones en energéticos, el castigo al sector turístico, la sensación que el plan de seguridad no marcha bien y un largo etcétera. Al leer los análisis de todas las calificadoras e instituciones parecería que se copiaron o bien que, en efecto, esas son buenas razones para espantar a los inversionistas.

 

Jugar a las vencidas con toda esta estructura neoliberal y del demonio no sería tan grave si hubiera un plan alterno, pero al parecer no lo hay. De manera optimista, se podría suponer que, detrás de toda la palabrería y demagogia, el presidente López Obrador quiere tres cosas: 1) que el Estado tenga un papel más activo en la economía; 2) que disminuya la grave desigualdad social y económica; y 3) todo esto sin espantar a los inversionistas.

 

¿Se puede hacer todo esto?, ¿lo está logrando?

 

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