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México D.F. Lunes 14 de Octubre de 2019 | 11:15


  • Editorial

    Editorial

  • 01-10-2019CRÓNICAS DEL AÑO CERO (XXXIII): CUMBRE DE ACCIÓN CLIMÁTICA Y ÓSCAR CHÁVEZ

    Hace unos días, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) convocó a una Cumbre de Acción Climática (CAC), misma que se celebró en New York. Se podría pensar en que está fue una más de las reuniones “cumbre” que llegan a muchos compromisos y no se traducen en mejorías palpables en la situación mundial. Esta vez hubo diferencias con relación a otras convocatorias y muchos eventos adicionales que valen la pena de señalar. ¿Todo esto marcará un antes y un después en la agenda? Es difícil saberlo y al respecto hay buenas y malas noticias. 

    De inicio, el secretario general de la ONU, António Guterres, uso un tono distinto para llamar al evento. Señaló que sólo aquellos “con planes nuevos, específicos y atrevidos podrán subir el estrado y acaparar la atención de un planeta cada vez más caliente.”   Pero no sólo el mundo se ha vuelto un lugar más caliente, también es un hecho que ha subido el nivel del mar y la contaminación con plásticos, dióxido de carbono y metales pesado, entre otros detalles. 

    En este sentido, muchos países vieron rechazadas sus propuestas por no tener “planes atrevidos”. Bueno, la cosa no está para andar proponiendo medidas pequeñas de corto alcance. Por cierto, Estados Unidos, uno de los países más contaminantes del mundo, ni siquiera hizo el intento por presentar alguna idea. Finalmente, se aprobó que 64 países, la Unión Europea, más de una decena de compañías y bancos, algunas ciudades y un estado presentarán ideas y propuestas. 

    Hubo también otras novedades, dos destacables: la primera, varios países, ciudades y empresas llegaron al evento con compromisos ya adoptados, es decir, no llegaron a dar ideas, sino a dejar claro compromisos ya en marcha. Por ejemplo, 41 países y varios gobiernos de ciudades y regiones avisaron que habían adoptado un acuerdo amplio para lograr tres objetivos: clima y aire limpio, transición justa y género. Alemania, por su parte, presentó un plan contra el calentamiento global al que se destinarán 54 mil millones de euros. 

    La segunda característica previa y durante la cumbre fueron las protestas. Desde luego, estas no son noticia, desde que se llevan a cabo las cumbres sobre cualquier tema hay protestas. Esta vez, se dio una modalidad distinta: la cantidad de jóvenes, algunos muy chicos, que se sumaron a ellas. La protesta más llamativa fue la denominada “huelga del clima”, que fue convocada por centenares de organizaciones y logró reunir a más de cuatro millones de personas en 163 países. La gran figura de estos eventos fue, sin duda, Greta Thunberg, joven activista sueca, quien no sólo protestó, sino que acudió a la Cumbre para exigir mucho mayor compromiso y más esfuerzos.

    Los compromisos alcanzados pueden ser vistos en la página de la ONU, pero las críticas no se han hecho esperar. Se señala que China y Estados Unidos no están comprometidos con el tema, que no se presentaron propuestas realmente nuevas o que ayuden a cambiar el estado actual del clima. La mayor parte de las críticas son ciertas. 

    ¿Y México? Fuera del mundo, fuera del mundo, como canta Óscar Chávez en Los caifanes. 

    https://www.elfinanciero.com.mx/mundo/solo-aquellos-lideres-con-planes-atrevidos-subiran-al-estrado-de-la-cumbre-de-la-accion-climatica-onu

     

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  • 27-09-2019AYOTZINAPA: VIVOS SE LOS LLEVARON, VIVOS LOS QUEREMOS

    Desde que este triste caso de desaparición de 43 estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa comenzó, el ahora subsecretario Alejando Encinas le dio un seguimiento personal. Uno de los aciertos del presidente López Obrador fue el encargarle la investigación del caso y de muchos otros casos de desaparición e identificación de restos. Encinas es un funcionario a “ras del suelo”, pero enfrenta un desafío gigantesco.

    Dado este interés, no extraña el exhaustivo trabajo que ha realizado en la solución de la desaparición de los jóvenes estudiantes. En el informe que dio en la mañanera del día 26 de septiembre habló de la revisión de 80 millones de llamadas, la visita a 180 puntos de interés, la entrevista con decenas de personas, la búsqueda por cinco municipios, etc. Está claro que lo que dijo es sólo una parte del trabajo realizado.

    Se sabe que el trabajo para localizar el paradero de los 43 estudiantes comenzó de cero, pues se desechó la hipótesis de “la verdad histórica”. Tanto el gobierno federal como la fiscalía general de la República se dicen abiertos a estudiar todos los indicios y todas las teorías. Además, han pedido, en boca del presidente López, ayuda a la ciudadanía y han ofrecido recompensas para quien dé pistas ciertas del caso o ayuden a encontrar a personas de interés.

    A pesar del trabajo realizado, la impresión que se tiene luego de escuchar el informe de Encinas y el del fiscal Omar Gómez Trejo, así como las preguntas que ahí les plantearon, queda la impresión de que se ha avanzado poco y, lo peor, de que este nuevo y sincero esfuerzo se dirige a otra respuesta fallida, sobre todo ahora que los casos contra algunos de los siniestros personajes arrestados se están desmoronando y están quedando en libertad. Muchos de ellos se sabe que sí participaron en las desapariciones, pero las pruebas (u otra cosa) no se están sosteniendo. Ingenuo (por no decir algo más) se escuchó al fiscal Gómez cuando le preguntaron si de nuevo los arrestarían si encontraban pruebas firmes. Contestó que los volverían a “citar”. 

    Lo cierto es que Alejandro Encinas tiene varios obstáculos enfrente. El primero es el manoseo, descuido y errores con que la investigación se llevó en el sexenio pasado: la PGR llegó tarde al caso, no se preservó la escena del crimen, se torturó a los inculpados, las pruebas no siguieron una cadena de mando adecuada, etc. Esto no es culpa de alguien en particular, o es culpa de todos. Hay poco personal capacitado en todos los niveles y la tentación de encontrar culpables rápidamente es alta. A través de esta maraña se tendrá que abrir paso la nueva investigación, evaluando, cinco años después, cuáles cosas son pistas y cuáles no sirven. 

    El segundo obstáculo es el de lo que se espera de la investigación. Alejandro Encinas calificó el crimen como desaparición forzada por agentes del Estado. Algo correcto y que se apega a lo que se sabe, pero el presidente López Obrador dijo que se trataba de un crimen de Estado, una calificación totalmente distinta y que deja ver que muchos quieren que el resultado sirva para seguir condenando al gobierno anterior. No les interesa la verdad, sino lo que les parece políticamente correcto.

    Ahora que la verdad histórica ha sido oficialmente expulsada del discurso oficial, lo lamentable es que no hay otra narrativa creíble que se sostenga.

     

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  • 23-09-2019GUERRA SUCIA Y GUERRILLA

    Ahora que se ha puesto sobre la mesa el tema de la guerrilla en México, cabe hacer algunas reflexiones, sin ánimo de finiquitar una discusión o marcar una verdad. 

    La guerrilla mexicana no puede entenderse sin varios hechos históricos, de manera importante el movimiento estudiantil de 1968 y la protesta estudiantil de 1971. El primero, como se sabe, terminó el 2 de octubre y el segundo el 10 de junio, ambos con una respuesta represiva del Estado. En ese sentido, el movimiento armado o, más correctamente, los movimientos armados fueron una respuesta a la falta de canales de participación efectivos, a la ausencia de espacios de opinión y a un Estado autoritario donde el presidente de la República pretendía tener siempre la razón y se consideraba el bastión de una transformación, le tercera, según la cuenta de López Obrador: la Revolución Mexicana. 

    Hay que señalar que los movimientos armados fracasaron. Estaban llenos de jóvenes en muchos casos imbuidos de ideas heredadas de la Revolución Cubana y del mundo “socialista”.  Llamarlos valientes no es de ninguna manera un adjetivo adecuado. Los que fueron valientes enfrentaron al Estado autoritario sin armas, personajes como Heberto Castillo, Gilberto Rincón Gallardo, Luis H. Álvarez, José Revueltas, Luis González de Alba y muchos nombres más de mujeres y hombres que sufrieron persecuciones, calumnias, menosprecio y cárcel. Estas y estos fueron los valientes e hicieron mucho más por el México de hoy, malo o bueno, que las guerrillas. 

    Sin embargo, descalificar y condenar a las guerrillas por sus acciones sería solapar el autoritarismo, la guerra sucia que costó cientos, miles de vida, las represiones a los movimientos populares, el asfixiante México que era y que amenaza con volver de la mano de un extraño heraldo presidencial. Muchas personas que estuvieron en la guerrilla, han reconocido lo erróneo de su camino. Muchas de esas personas regresaron y participaron en movimientos y partidos no armados. Ellos cometieron errores y muchos excesos, por ejemplo, los asesinatos, incluso de sus propios camaradas que fueron ejecutados por sospecha de traición. 

    Hace falta continuar una reflexión histórica de exguerrilleros e historiadores que reconstruya ese pasado, el papel de las autoridades, muchas veces homicida y brutal, y el de los combatientes armados. Hay muchos estudios en universidades y centros académicos que han avanzado en este tema. Ese pasado, tan cercano y doloroso, no merece que se le aborde desde la descalificación o la condena. Tampoco desde la justificación o la exaltación simplona de las acciones guerrilleras. La historia nos dice algo terrible: al parecer, todos los movimientos armados fracasaron en lograr sus ideales, pero ¿quién no?

    Pero hay una cosa que es irónica: ¿dónde estaban algunos de los héroes de la cuarta transformación?, ¿dónde estaba López Obrador, Manuel Bartlett, Porfirio Muñoz Ledo y tantos otros, ahora secretarios, directores, jefes? Estaban en el PRI, sin protestar por las muertes, siendo cómplices silenciosos de las persecuciones, las torturas, las desapariciones. ¿Alguno de estos “notables” personajes, priistas hasta hace unos meses, se ha deslindado de su pasado y ha empezado algo que se parezca a una autocrítica?

    Incluso hay que leer con cuidado los dichos de López Obrador: el neoliberalismo empezó hace 36 años, con De la Madrid, el resto de los presidentes no está en la picota lopezobradoriana, ni Echeverría ni López Portillo, los jefes de la guerra sucia. 

     

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  • 17-09-2019EL LEGADO DE LÓPEZ Y TRUMP

    Al parecer, cada acto que lleva a cabo el presidente López Obrador tiene el propósito de ser histórico, de dejar un legado. Esto no es algo extraño, cada presidente aspira a lo mismo. Peña Nieto quiso que las reformas estructurales y el aeropuerto de Texcoco fueran buena parte de su legado.  Calderón quiso pasar a la posteridad por ser el presidente que impuso el pleno Estado de Derecho y acabó con el narcotráfico. Fox pretendió ser el mandatario del cambio. Salinas el de la modernidad. Todos ellos fracasaron, al menos en lo que concierne a la imagen que dibujaron en discursos, libros, entrevistas, etc. Ernesto Zedillo no tuvo tiempo de esbozar su imagen objetivo, le cayó la crisis encima. Pese a eso, logró un buen crecimiento económico y terminar con los conflictos poselectorales. No es poca cosa. 

    La ensoñación por el legado siempre ha terminado en otra cosa, muy diferente a la que aspiraron a construir los mandatarios. Cabe preguntarse, cuál será el legado de López Obrador, el real, no el que dice que está dejando. Por otra parte, dada la relación que este parece tener con el presidente Donald Trump, también vale preguntarse cuál será el legado del mandatario norteamericano. Es decir, hay que hacer un ejercicio especulativo (pero no falso) sobre las consecuencias de los actos que ambos presidentes llevan a cabo. Supóngase que López Obrador deja el poder en 2024 y que Trump no es reelecto en 2020, ¿cuál sería el legado que dejarían?

    En primer lugar, ambos presidentes han reducido la libertad de expresión de los medios de comunicación mediante diferentes estrategias. La más directa ha sido el señalamiento continuo de que la prensa miente cuando los refutan o contradicen. El término trumpiano característico es: “fake news”, un concepto que ya usó alguna vez el tabasqueño. Ninguno de los dos se siente cómodo con una prensa crítica, lo cual es natural, pero han ido más allá de esto y han atacado directamente a periodistas y medios. El ejemplo ha cundido en México, varios gobernadores y funcionarios han descalificado a la prensa cuando es crítica de sus actos.  Hacia el futuro, cuando ya no esté ninguno de los dos ejecutivos al mando, la prensa encontrará que tendrá que empujar mucho para gozar de la libertad de expresión que tuvo antes de estos personajes. 

    En segundo lugar, López Obrador deja una relación de subordinación con el gobierno de los Estados Unidos muy riesgosa para el futuro y de muy difícil manejo. Sin mayor empacho, el gobierno de México habla de cumplir acuerdos, cuando se trata en realidad de órdenes nacidas de la amenaza de imponer aranceles o retrasar el nuevo T-MEC. Un nuevo gobierno norteamericano sin duda buscará que prosiga una relación de este tipo, que le es muy benéfica. 

    En tercer lugar, ambos presidentes están imponiendo “sus cifras”. Trump dibuja un panorama de crecimiento y poderío, que tiene bases, pero que no es del tamaño que afirma. López Obrador está peor: las cifras de empleo y crecimiento son malas, insiste que no es así. Se acabaron las mediciones objetivas y el manejo de la administración pública sobre bases reales. Hacia el futuro, ¿Cuánto le llevará a la sociedad volver a someter a los gobiernos a las mediciones reales? 

    La historia reciente ha demostrado que las democracias son frágiles per se, y más cuando grandes sectores de la población tienen la percepción de que han fallado. Estos sectores fueron educados en la inmediatez de resultados por parte de políticos mediocres, que en muchos lugares del mundo perdieron el poder debido a gobiernos que parecen distintos, más cercanos a los deseos de sus votantes. Cosecharon lo que sembraron, pero esta nueva generación de políticos como Trump y López están destruyendo muchas cosas (instituciones, programas, puestos de trabajo) que merecían permanecer, acaso con algún cambio para mejorarlos. 

    Más allá de los que pase en la coyuntura, ¿cuánto tiempo llevará enmendar lo que ahora se destruye, limita o margina? Y una pregunta más importante aún: ¿se podrá hacer?

     

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  • 10-09-2019EL PRESUPUESTO OPTIMISTA

    Al momento de escribir estas notas, las críticas al presupuesto presentado por el gobierno del presidente López Obrador no son cosa del otro mundo. Gustavo De Hoyos, dirigente de la COPARMEX, asegura que el paquete presupuestal es muy optimista, es ortodoxo y tiene un equilibrio precario, por lo que debe ajustarse. El empresario señala que le preocupan tres cosas: la reducción del superávit primario, disminución de la inversión física en aras de los apoyos sociales y más retenciones y endurecimiento para los contribuyentes. 

    Por su parte, Moody’s también señala que hay un optimismo sobre los supuestos macroeconómicos del paquete para 2020, ya que sobreestima los ingresos presupuestarios del gobierno. Por otro lado, advierte que la austeridad del ejercicio fiscal dificultará una reactivación de la economía. Bien, si todo lo que tienen que decir es que el paquete económico para 2020 (PE-2020) es optimista hay que decir que no es una gran crítica, sobre todo si se toma en cuenta que todavía podría ser ajustado en el Congreso. 

    En realidad, el PE-2020 podría ser firmado por cualquiera de los secretarios de Hacienda de la extinta (ja-ja) era neoliberal. Apoyar la seguridad y el gasto social ha sido un lugar común de los dos anteriores sexenios. Las novedades no están ahí. La primera novedad es la dupla Secretaría de Seguridad-Guardia Nacional; una novedad más de forma que de fondo, pues no hay un aumento significativo de presupuesto y tampoco estrategia, así que hasta donde se puede ver es un cambio cosmético. 

    La segunda novedad sí lo es: el gasto social ya no se dará de forma más o menos institucional, como en el pasado, sino que se dará de manera directa y con evidentes tintes clientelares. La tercera prioridad en el presupuesto es el fortalecimiento de PEMEX por dos vías: reducir las cargas fiscales y dar un sustancioso (no tanto) apoyo de presupuesto. Este factor, junto con el de la austeridad republicana podrían tener un efecto de carambola: desestabilizar las finanzas públicas, ralentizar la inversión en obras, causar nuevos despidos, eliminación de programas y afectar la calificación crediticia. 

    En otro nivel, uno que si le afecta de lleno al ciudadano promedio, hay que señalar que, a pesar de las palabras tranquilizadoras del secretario Herrera, el PE-2020 sí tiene avidez por el dinero y el cobro de impuestos, así que: cuidado. Formalmente, el paquete no prevé nuevos impuestos, lo cual es una verdad a medias. La “actualización” que propone en algunos productos, como cigarros y refrescos y bebidas saborizadas, se repercutirán en el consumidor final.  La propuesta de IVA a las plataformas digitales, como Netflix, Uber, Spotify, Rappi y Airbnb, le caerán también al usuario de estas. Pero hay más, la desmonetización, la demostración de quienes rentan que han pagado impuesto como un requisito para proceder legalmente contra un inquilino que no paga, la venta de productos por catálogo y más dientes al SAT. En realidad, muchas de estas cosas no están mal, lo que llama la atención es que se traten de pasar como si no fueran nada importantes; al menos debían admitir que están buscando desesperadamente aumentar la recaudación. 

    En síntesis, el PE-2020 es un esfuerzo de técnicos profesionales, pero tiene un gran factor desestabilizante: Andrés Manuel López Obrador. 

     

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  • 09-09-2019LAS MAMÁS, LA SEGURIDAD Y EL PRESUPUESTO

    1.- El problema no son los dichos absurdos del presidente de la República en cuanto a los delincuentes, estos están hecho para que los opositores fijen su atención en ellos y lo recriminen, pero no tienen ningún efecto. El problema central es la falta de una estrategia medianamente coherente para combatir la delincuencia, sobre todo la organizada.

    En su visita a Tamaulipas, López Obrador se refirió a la banda criminal (el cártel del Noreste) que impide que se les venda gasolina a los vehículos de la Guardia Nacional y las fuerzas armadas, los llamó a que se porten bien y piensen en sus mamacitas, para que dejen que se venda el combustible. Más adelante, con un lenguaje propio de un niño (con todo respeto para los niños) dijo que la delincuencia es fuchi, guácala. Este es un lenguaje sacado de las películas mexicanas de los años cincuenta.

    Mientras articulistas y opositores se burlan de ese lenguaje, en realidad la burla es para todas las personas que padecen los efectos de una delincuencia que parece sin control. La Guardia Nacional, junto con las fuerzas armadas (que en realidad son la misma cosa) se despliega en un esfuerzo inútil. Los crímenes y homicidios aumentan, los feminicidios igual. Una estadística infernal: cada día, tres niños son asesinados en México. La Ciudad de México ha dejado de ser zona segura. La inseguridad va en aumento y no hay estrategia efectiva.

    2.- El Paquete Presupuestal entregado por el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, a la Cámara de Diputados al parecer continuará la esquizofrenia que desde hace meses mantiene el gobierno federal. Por una parte, Hacienda señala datos reales y perspectivas mediocres; por otro, el presidente dice que esos son los datos de ellos, pero que él tiene otros datos. Seguro que en las mañaneras seguirá afirmando que él respeta los cálculos de Hacienda, pero que sabe que serán mejores porque hay una mejor distribución.

    La primera observación que hay que hacer al Paquete, más allá de que se haga un análisis más profundo, es que toma en cuenta algunas observaciones de sus críticos y otras simplemente las tiró a la basura. Los Criterios de Política Económica prevén un crecimiento de entre 1.5 y 2.5% para 2020. No es un rango irreal, pero dista mucho de los deseos y metas que ha dibujado el presidente de crecer un 4% anual en promedio para el sexenio. De hecho, es una meta mediocre, que lo empareja con los mediocres resultados del periodo “neoliberal”. La meta de inflación es del 3%. También es idéntica a la que año con año se fijaron los presidentes anteriores. Como meta, es realista. El precio fijado para el barril de petróleo es de 49 dólares y la producción se fija en 1.13 millones de barriles de petróleo diarios. Son metas conservadoras, distantes de las que dice el presidente en sus mañaneras acerca de la producción de petróleo.

    No hubo sorpresa en los grandes rubros que atenderá el presupuesto: bienestar social, seguridad y PEMEX. Mañana continuará este tema.

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  • 06-09-2019DEL “NO TE PREOCUPES” AL “LE TENGO CONFIANZA”

    06 de septiembre de 2019

    Por alguna razón, los funcionarios mexicanos (de Zedillo a la fecha) sueltan alguna frase desafortunada, que es retomada por los medios con cierta malicia. Ejemplos hay muchos: la “lavadora de dos patas” de Fox, los seis mil pesos que alcanzaban hasta para pagar escuelas privadas de Ernesto Cordero, secretario de Hacienda, etc. Pero hay algunas que, además de desafortunadas, revelan una concepción del poder. En esta categoría cabe aquella dicha por el entonces presidente Peña: “no te preocupes, Rosario”. Detrás de esta frase se denotaba el desdén por las instituciones, la idea de que el poder presidencial alcanzaría para una protección total, pasara lo que pasara. 

    Ahora, en casos similares, el presidente López Obrador, en su afán de saber de todo, está acumulando una infinidad de frases desgraciadas (es decir, desafortunadas). Algunas de ellas son: “le tengo confianza”, “es una persona honesta” o “pido 99% de honestidad y 1% de capacidad” y hay más, muchas más que denotan no sólo lo desafortunado que resulta la exposición diaria, sino su personal concepción del poder.  En su caso, estas frases resultan mucho más graves porque todos los días presume que es diferente a otros mandatarios y que no protege a nadie. Ha hecho de la anticorrupción su estandarte, así que cualquier duda le afecta. Ha hecho algo peor: reaccionar como cualquiera de sus predecesores en el puesto, es decir, minimizando señalamientos en contra de sus colaboradores. 

    Para el presidente López Obrador estos señalamientos son ataques casi en lo personal. Tiene razón, le guste o no, la política también se compone de esto. No es inmoral ni indebido, simplemente muestra que las debilidades que sus adversarios (como le gusta al tabasqueño decirles) encuentran las aprovechan. Asimismo, inculpar a los medios por hacer su trabajo es absurdo y un paso en la dirección de coartar la libertad de expresión. 

    En este camino, el presidente ya lleva varias: hace un par de días, el diario Wall Street Journal (WSJ) señaló que hay indicios de que Ricardo Salinas Pliego se habría beneficiado por partida doble con la venta de las dos “benditas” plantas de fertilizantes a PEMEX, en un caso que ya tiene contra las cuerdas a Lozoya, exdirector de la paraestatal. Como se sabe, el dueño del Grupo Azteca pertenece al consejo empresarial asesor del ejecutivo y se le ha definido como un personaje cercano a la cabeza de la 4T. La respuesta del mandatario fue descalificar al diario, asegurando que había mentido en otras ocasiones, y reiterar que las acusaciones son sólo presunciones. La doble vara puesto que, en otras ocasiones, con solo su palabra se acusa de corruptos a políticos, intelectuales y periodistas. 

    Otro caso fue el de Bartlett, quien fue señalado de poseer inexplicablemente propiedades por más de 800 millones de pesos a nombre de su esposa, hijos y él mismo. La respuesta de López Obrador fue que confiaba en el director de la CFE. En boca de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, la cosa fue más clara: definió que se trataba de un ataque al presidente. ¿Y qué? El trabajo de la funcionaria no es hacer análisis político o defender al mandatario.

    Los casos de imponer la autoridad contra toda razón o ley se acumulan: Texcoco, Dos Bocas, Santa Lucía, Tren Maya, Baja California, Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, fiscal de Veracruz, entre otros. Seguro a Peña Nieto le susurraron al oído que un caso no importaba, pero la cuenta se acumuló. En este caso, la situación es peor.

     

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  • 03-09-2019CRÓNICAS DEL AÑO CERO (XXXII): EL FIN DEL CAPITALISMO

    3 de septiembre de 2019

    El fin del capitalismo ha sido sentenciado muchas veces en la historia; desde Marx hasta Chávez y Maduro, se ha repetido que el capitalismo se derrumbará y dará paso a… otra cosa. Sin embargo, cuando despertaron, el capitalismo seguía ahí, pero no tan campante. Esta vez, quienes vaticinan el fin del capitalismo no son integrantes de una célula extremista o un partido comunista, sino un aburrido grupo de científicos y profesionales finlandeses que parten de una base que se escucha terriblemente razonable: el mundo de la energía barata y los recursos naturales que parecían infinitos está llegando a su fin.

    En efecto, por varios cientos de años se han usado la leña y el carbón, en los últimos cien años se desarrolló la industria del petróleo y las gasolinas. Todos ellos materiales no renovables y contaminantes. La ventaja que proporcionaban estos combustibles es que fueron relativamente baratos durante mucho tiempo. 

    El informe Governance of Economic Transition de la Unidad de Investigación Bios fue publicado el mes de agosto pasado y obedece al hecho de que la Organización de Naciones Unidas (ONU) debe publicar en este año su nuevo Informe Global para el Desarrollo Sostenible. El objetivo es contar con una base científica en la elaboración de políticas que permitan terminar con la pobreza y el hambre para el año 2030. El grupo finlandés aborda el problema de la gobernabilidad en una obligada transición económica marcada por tres factores: el cambio climático, la caída en la tasa de retorno energético (es decir, la cantidad de energía que se necesita para producir energía) y la pérdida de biodiversidad.

    En el informe se dice que los países están ignorando estos factores y apuestan por medidas de mitigación, pero sin el ánimo de cambiar el modelo económico existente. La realidad, según este documento, es que el mercado, los hábitos de consumo y un Estado poco participativo ya no pueden proponer soluciones de largo plazo. El grupo Bios y otras organizaciones apuntan a la necesidad de que los países hagan compromisos más serios y más radicales. Es un hecho que las teorías económicas dominantes fueron desarrolladas en la era de la abundancia energética. 

    La gran pregunta, más allá de que se puedan discutir las ideas de BIOS, es si las grandes masas humanas, sobre todo de los países ricos, estarían dispuestas a reconstruir sistemas de energía, de transporte, de construcción, de agua potable, de interrelación con otras especies e, incluso, a cambiar los hábitos alimenticios para disminuir drásticamente el consumo de carne de res y los lácteos. 

    La respuesta más probable sería negativa. Según el estudio, el espacio para tomar decisiones no es mayor a una generación. Hoy en día, algunos países están muy avanzados en el uso de las energías alternativas, el cuidado de la biodiversidad y el frenar el cambio climático. Sin embargo, son pocas naciones y sus tecnologías y compromisos no están extendidos. En contrario, países como Estados Unidos (Trump), Brasil (Bolsonaro) y México (López) están apostando al regreso de tecnologías y materiales como el petróleo, el carbón y la leña. China es otro gran contaminante sin compromisos.   

    Ese es el panorama real, lo demás es ficción tranquilizadora, sin ciencia de por medio. 

     

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  • 02-09-2019“MORALMENTE DERROTADOS”

    En realidad, el primer informe de gobierno (tercero en la contabilidad del presidente López Obrador) fue una mañanera más, o más bien una especie de resumen de todas las mañaneras. Ningún dato nuevo o que llamara la atención, ninguna variación en sus decisiones políticas, inmune a las críticas, reacio a prestar atención a sus adversarios, como los llama. Fue relativamente normal su autocomplacencia, al igual que todos sus antecesores en el puesto, pero con una calidad discursiva mucho menor.

    Pero tuvo razón cuando señaló que los que se oponen al cambio (a su cambio) están confundidos y que la mayoría del pueblo lo apoya y está feliz, feliz, feliz, como canción de Consuelo Velázquez, cantada por Luis Miguel. En efecto, todas las encuestas lo ponen muy arriba en cuanto a su popularidad, entre el 60 y el 70%. Así que su desprecio y burla a sus “adversarios” lo hace un buleador con bases estadísticas.

    Sin embargo, hay dos cosas que vela la pena anotar. López Obrador no es el único presidente que llega con buenos números a su primer informe de gobierno. Según la empresa Mitofsky, Fox, Calderón y su odiado Salinas de Gortari estaban mejor posicionados con 62%, 66% y 70%, respectivamente. Es decir, que su enorme popularidad no es una novedad. Habrá quienes digan que sí lo es si se tienen en cuenta los desatinos que ha dicho y hecho, pero no.

    Y aquí viene la segunda consideración, en la historia moderna del país, al menos desde la posguerra, ninguna oposición ha logrado afectar mayormente la popularidad de los presidentes, así que López obrador no debe temer de sus “opositores, esos “adversarios conservadores”. De ahí no viene ninguna amenaza.

    Lo que desgastado la popularidad de los presidentes son asuntos que tienen que ver con la economía, la seguridad y sus errores. Por ejemplo, Carlos Salinas de Gortari fue un presidente autoritario, modificó muchos de los rituales y costumbres de la política, persiguió o permitió que se persiguiera a los movimientos sociales y al PRD. Sin embargo, al final de su mandato se le tenía como el expresidente más popular desde López Mateos. Esto le duró exactamente 20 días, hasta el “error de diciembre”, y, posteriormente, la guerra que sostuvo con Ernesto Zedillo. Al presidente Fox no lo desgastaron sus opositores, sino sus propias torpezas y errores. Sin embargo, terminó siendo un presidente relativamente aceptado. En el caso de Calderón, su guerra contra la delincuencia y la crisis de 2008 fueron las causas de su desgaste.

    Si Andrés Manuel López Obrador piensa que ganó la elección por sus propios méritos, está equivocado de palmo a palmo. Y si sus “adversarios” están moralmente derrotados, el germen de su declinación ya está a la vista: inseguridad y economía. Si no mejora ostensiblemente la inseguridad creciente no importará que sus adversarios lo critiquen. De igual forma, si la economía entra en una recesión o sigue estancada, probablemente no hará falta que las oposiciones se fortalezcan.

    Inseguridad y economía, dos viejas materias que han reprobado dos expresidentes. Ese es el obstáculo a superar.

     

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  • 02-09-2019“MORALMENTE DERROTADOS”

    En realidad, el primer informe de gobierno (tercero en la contabilidad del presidente López Obrador) fue una mañanera más, o más bien una especie de resumen de todas las mañaneras. Ningún dato nuevo o que llamara la atención, ninguna variación en sus decisiones políticas, inmune a las críticas, reacio a prestar atención a sus adversarios, como los llama. Fue relativamente normal su autocomplacencia, al igual que todos sus antecesores en el puesto, pero con una calidad discursiva mucho menor.

    Pero tuvo razón cuando señaló que los que se oponen al cambio (a su cambio) están confundidos y que la mayoría del pueblo lo apoya y está feliz, feliz, feliz, como canción de Consuelo Velázquez, cantada por Luis Miguel. En efecto, todas las encuestas lo ponen muy arriba en cuanto a su popularidad, entre el 60 y el 70%. Así que su desprecio y burla a sus “adversarios” lo hace un buleador con bases estadísticas.

    Sin embargo, hay dos cosas que vela la pena anotar. López Obrador no es el único presidente que llega con buenos números a su primer informe de gobierno. Según la empresa Mitofsky, Fox, Calderón y su odiado Salinas de Gortari estaban mejor posicionados con 62%, 66% y 70%, respectivamente. Es decir, que su enorme popularidad no es una novedad. Habrá quienes digan que sí lo es si se tienen en cuenta los desatinos que ha dicho y hecho, pero no.

    Y aquí viene la segunda consideración, en la historia moderna del país, al menos desde la posguerra, ninguna oposición ha logrado afectar mayormente la popularidad de los presidentes, así que López obrador no debe temer de sus “opositores, esos “adversarios conservadores”. De ahí no viene ninguna amenaza.

    Lo que desgastado la popularidad de los presidentes son asuntos que tienen que ver con la economía, la seguridad y sus errores. Por ejemplo, Carlos Salinas de Gortari fue un presidente autoritario, modificó muchos de los rituales y costumbres de la política, persiguió o permitió que se persiguiera a los movimientos sociales y al PRD. Sin embargo, al final de su mandato se le tenía como el expresidente más popular desde López Mateos. Esto le duró exactamente 20 días, hasta el “error de diciembre”, y, posteriormente, la guerra que sostuvo con Ernesto Zedillo. Al presidente Fox no lo desgastaron sus opositores, sino sus propias torpezas y errores. Sin embargo, terminó siendo un presidente relativamente aceptado. En el caso de Calderón, su guerra contra la delincuencia y la crisis de 2008 fueron las causas de su desgaste.

    Si Andrés Manuel López Obrador piensa que ganó la elección por sus propios méritos, está equivocado de palmo a palmo. Y si sus “adversarios” están moralmente derrotados, el germen de su declinación ya está a la vista: inseguridad y economía. Si no mejora ostensiblemente la inseguridad creciente no importará que sus adversarios lo critiquen. De igual forma, si la economía entra en una recesión o sigue estancada, probablemente no hará falta que las oposiciones se fortalezcan.

    Inseguridad y economía, dos viejas materias que han reprobado dos expresidentes. Ese es el obstáculo a superar.

     

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  • 30-08-2019¿LA OPOSICIÓN DEBE PELEARSE CON LÓPEZ OBRADOR?

    Cada mañana (y durante el resto del día), el presidente López Obrador lanza puyas, mentiras, exageraciones y tergiversaciones, mezcladas con recetas de cocina, anécdotas históricas y demás. Buena parte de la oposición se da a la tarea de interpretar y combatir los dichos presidenciales. 

    Si nos atenemos a las encuestas, esta estrategia ha resultado inútil para “los adversarios”. El presidente llega a su primer informe de gobierno con índices de aprobación que rondan los 70 puntos. Si en este momento se consultara su permanencia, arrasaría el sí. 

    Las oposiciones y los críticos deberían preguntarse el por qué pasa esto. En textos pasados se decía que las oposiciones parecían estar dispuestas a regresar al pasado, un pasado no muy bueno, al menos en la percepción. Es un hecho que los opositores no parecen haber roto con el pasado, o mejor: con el pasado de ostentación, dispendio, insensibilidad y abuso. 

    Pero renunciar a esa parte del pasado, no es suficiente. Se sigue percibiendo que, a pesar de todas sus fallas (y son muchas), el presidente López Obrador es un hombre bien intencionado (parece serlo), honesto y preocupado por los que menos tienen. Por cierto, muchas personas de clase media se definen como “necesitados”, sin serlo, a la hora de recibir apoyos gubernamentales.

    Esa percepción parece estarlo respaldando, aunque vean las fallas. En todas las encuestas, esas que ponen su aprobación por las nubes, hay dos preocupaciones: inseguridad y economía. Acerca de la primera, el mandatario responde, invariablemente, que están trabajando y que cuando los apoyos sociales se completen y la guardia nacional esté trabajando a plena capacidad, las cosas mejorarán. Sobre el segundo tema, de plano ya dice que no le preocupa el bajo crecimiento de la economía, que lo que le importa es que la gente tenga dinero para ir a la tienda y comprar las cosas que necesita. La figura utilizada por él es exacta: la mayoría de las personas no atienden (ni entienden) la macroeconomía, lo que les interesa es, en efecto, tener dinero en el bolsillo. 

    En ambas cosas, el presidente miente. En el primer caso, tiene la tesis conservadora de que los pobres y/o los jóvenes tienden a la delincuencia por falta de oportunidades. Además de que esto es una mentira, aun suponiendo que fuera verdad, el dar recursos asistenciales no garantiza que los delincuentes súbitamente tengan una epifanía y se retiren de una vida delincuencial, ni siquiera con el adoctrinamiento moral (con o sin cartilla). El asunto tiene que ver con costo-beneficio. Si sólo se castiga el 2% de los delitos y se puede obtener una ganancia, entonces la opción es clara. Y si adicionalmente los criminales son pueblo y no se les reprimirá, el camino está despejado. Por cierto, de nada sirve una guardia nacional que no persigue. Por evitar los errores de Calderón y Peña, López comete otros. 

    En el terreno de la economía, hasta hace unas semanas, al presidente le importaba apostar que se crecería un 2% en este año, ahora que es claro que no se logrará, actúa como los malos perdedores (de secundaria): “a mí eso ni me importaba.” O “yo tengo otros datos”. 

     

    En síntesis, hay que dejar de perseguir lo que dice el presidente en sus shows mañaneros y hacer hincapié en sus promesas sobre seguridad y economía. Aquí es donde el asunto se está descomponiendo, desgraciadamente. 

     

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  • 28-08-2019PRD, MC Y LOS CONTRAPESOS

    El partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC) parecen estar siguiendo una estrategia similar rumbo al 2021: aglutinar cuadros de cierta relevancia a sus filas. Sin embargo, las condiciones de uno y otro son muy diferentes, mientras que el PRD es un partido en declive, que parece abrir sus puertas en medio de la desesperación por los bajos resultados, MC sigue una estrategia que le ha resultado en anteriores elecciones. En el partido del Sol Azteca hay más generales que tropa y una nomenklatura consolidada. En MC no hay muchos generales y tampoco tropa, se apuesta a las figuras que puedan atraer votos.

    Los ciudadanos que se acercan al PRD lo hacen con cierta desconfianza hacia las tribus que todavía existen a su interior, en MC encuentran en cambio mucha libertad de acción. Se puede hacer todo o casi todo, siempre y cuando no se cuestione a la dirección. No es extraño que se diga que Juan Zepeda, excandidato a la gubernatura del Estado de México y senador de la República, y Alejandra Barrales, excandidata a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, se integrarían a MC.

    Más allá de estos apuntes, hay que señalar que ambos partidos tienen en sus filas a un gobernador, Silvano Aureoles el PRD y Enrique Alfaro el MC, pero la realidad es que la imagen de uno y otro es diferente. Al principio del sexenio, el gobernador Alfaro pareció confrontar algunas decisiones presidenciales (por ejemplo, la imposición de los superdelegados federales). Muchos supusieron que con la intención de convertirse en un imán de las oposiciones. Sin embargo, ahora parece alineado como la mayoría de los gobernadores. En sentido contrario, Silvano Aureoles ha puesto en duda la estrategia seguida por el gobierno de la 4T en cuanto al acercamiento con grupos supuestamente criminales y la indefensión en la que se tiene a soldados y guardias nacionales, quienes han sido capturados y desarmados por pobladores.

    De MC se tiene la certeza que abrirá los espacios para candidaturas que le sean de utilidad, del PRD no. Por esto llama la atención el acercamiento que Futuro XXI ha establecido con el Sol Azteca pensando en las elecciones de 2021. La primera asamblea de este grupo fue mal recibida en su mayoría, abundaron los epítetos y descalificaciones: traidores, vendidos, políticos quemados y sin futuro, perdedores, etc. fueron algunos de los calificativos que les endilgaron. Por supuesto, no tiene caso ponerse a salvar el honor de quienes acudieron a la cita de Futuro XXI. Los que los atacaron, sea por consigna, por quedar bien o por convencimiento, no cambiarán de opinión y sacarán las biografías para seguirles atizando. Si de biografías se tratará nadie quedaría a salvo en este país, pero en fin.

    Lo importante está en otro lado, en cómo se define al actual gobierno. Hasta ahora, ha fracaso en seguridad y economía, pero siendo grave no es lo peor. Lo peor son los rasgos centralistas, el ninguneo de otras voces, la descalificación de los adversarios. Esto tiene una palabra que lo abarca: autoritarismo. Y si esto se combina con el populismo, entonces se tiene un gobierno que poco a poco, en la medida que las cosas no le salgan bien, tenderá a más imposiciones y decisiones unilaterales. Esto es lo importante. Quienes están convencidos de que esto puede suceder y que es urgente limitar el poder del ahora presidente, es decir ponerle cotos, obligarlo a la transparencia y al respeto a las instituciones, etc. A esa tarea hay que llamar y sumar a quienes estén dispuestos, sin pedirles pureza biográfica o pedigrí ideológico.

    Sí, es pretencioso de parte de Futuro XXI anunciar que se forma para ser un contrapeso del gobierno, pero no lo es llamar a que muchas más organizaciones y personajes estén dispuestos a tratar de empujar los contrapesos, más necesarios que nunca.

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  • 26-08-2019LAS COSAS EN QUE AMLO TIENE RAZÓN

    El presidente López Obrador se acerca a su primer informe de gobierno con más cambios cosméticos que realidades. Lo que ha cumplido no ha sido muy bueno de cualquier forma (despidos, retiro de recursos a estancias infantiles y refugios de mujeres, proyectos difíciles de cumplir, cancelación de obras, etc.) Sin embargo, hay muchas cosas en las que tiene razón, sobre todo en lo que se refiere al pasado. En medio de mentiras, exageraciones, tergiversaciones que practica a diario, el mandatario ha señalado cosas que son ciertas. La más clara es la necesidad de romper con el pasado inmediato. No en cuanto a todo, pero sí en las formas de hacer política. 

    De alguna manera es terrible decirlo, pero hay que señalar que los partidos y la clase política se habían “acomodado” a una realidad mediocre: pobreza, pobreza extrema, malos salarios, etc. En general, se había vuelto hábito que los gobiernos “no pudieran” mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías. Los partidos vivían en una especie de burbuja en la que se atacaban entre sí, con medios que muchas veces ayudaron a la permanencia de esa burbuja alejada de la realidad. Lo que no pasaba en el nivel político recibía, en general, menos atención. Tenía que haber un acontecimiento muy fuerte para sacar a políticos y medios de esa burbuja, por ejemplo: un terremoto, un huracán, una explosión, o algo así. Pero con el paso del tiempo, se regresaba al acomodo, a la permanencia de la burbuja. 

    En la burbuja se vivía bien: buenos sueldos, buenos restaurantes, buena ropa. Los partidos se peleaban en el escenario público y luego se iban a comer juntos los contendientes. La imagen que se daba al resto del país era la una clase política lejana, indiferente, superficial. Incluso la izquierda, cualquier cosa que eso sea, se acomodó. Los recursos del INE alcanzaban para ese tren de vida. 

    López Obrador irrumpió como un rinoceronte en una cristalería, retomó esa imagen de los políticos en la burbuja y encauzó el rencor social contra esa clase política que se había acomodado. El actual presidente no creó el rencor social, ese fue fomentado por la clase política, él solamente lo utilizó; tampoco inventó el “acomodamiento” y la buena vida, de nuevo, utilizó esa imagen. Ahora, reduce todas las críticas en su contra a una sola: la clase política acomodada quiere que regresen los privilegios. Esta es una poderosa bandera. No importa que el presidente mienta, se equivoque, que repita 70 veces una anécdota de Juárez o Madero, ni siquiera importa que sea cierta. No interesa que el PIB no crezca. Lo que importa es que no regrese el pasado. Ha hecho creer que la quita de privilegios, mejorará las cosas para las grandes mayorías. Les da cariñitos a las personas más humildes, va a los lugares más recónditos, como los presidentes priistas de antes. Es pueblo, es su voz.

    Mientras la oposición no rompa con su propio pasado, sus posibilidades de convencer que son una opción mejor son escasas. 

     

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  • 23-08-2019ALIANZA PRI-PAN

    Desde hace días circula la versión de que el PRI de Alito (Alejandro Moreno) y el PAN de Marko Cortés están buscando una especie de alianza no formal para las elecciones de 2021. Según esta especie, el acuerdo considera evaluar en qué distritos tiene mayor posibilidad de ganar uno de los dos partidos para que el otro proponga un candidato débil que coseche pocos votos. Se supone que, eventualmente, se invitaría al PRD y a Movimiento Ciudadano para que participaran en el asunto. Tal vez esta idea, de ser cierta, es la propuesta pragmática más lógica que se ha planteado. 

    Desde luego, hay muchas variables que tomar en cuenta. La primera de ellas se llama confianza. ¿Puede el PAN confiar en el PRI de Alito, al que se ha acusado de ser una especie de títere de López Obrador?, ¿puede el PRI confiar en el PAN?, ¿puede el PRI confiar en Alito? Este sería el primer obstáculo a superar. 

    En segundo lugar, la idea de una alianza informal es la única posible. Una coalición en toda forma tiene el riesgo de que se aleje a los votantes tradicionales del PAN y del PRI. Es posible que aún en estas condiciones, los votantes panistas rechacen una alianza con el PRI. En menor medida, esto puede pasar en el tricolor. 

    Un tercer problema sería la cohesión interna de cada partido para seguir la idea enunciada. Un acuerdo electoral de este tipo requeriría que los gobernadores de cada organización lo apoyaran, al igual que todos los actores con alguna influencia. No sería fácil convencer a panistas de algún estado que propongan candidatos débiles para que gane el PRI y viceversa. El acuerdo podría verse saboteado por los inconformes. 

    También hay factores externos que los opositores deben tomar en cuenta. El primero de ellos es sacar al presidente López Obrador de las elecciones de 2021. Para ello, deben impedir a toda costa que se apruebe en el Congreso la propuesta de revocación de mandato, que no es otra cosa que una manera tramposa de hacer campaña por su partido. Incluso, se sabe que, de no aprobarse, él haría una consulta a modo, como las que realizó cuando fue jefe de Gobierno del DF. De cualquier manera, parece inevitable su intervención, pero una cosa es tenerlo en una boleta oficial y otra muy distinta es que se haga una consulta a modo, cuyos resultados pueden ser tomados como irrelevantes. Del mismo modo, hay que presionar para que el presidente López no haga ningún acto de proselitismo durante el periodo electoral. 

    Ninguna de estas cosas es definitiva ni suficiente. Una elección intermedia tiene su propia lógica y la que viene puede ser muy diferente a otras.  En buena medida, también es un referéndum sobre cómo está gobernando el presidente. Sobre esto cabe señalar un par de cosas. En primer lugar, hay que enfrentar las mentiras, exageraciones, tergiversaciones, errores de gobierno y ataques del presidente. Tal vez esto no lo debilite, pero podría atraer a ciudadanos decepcionados. En segundo lugar, hay que señalar los errores, abusos e ineptitud de sus colaboradores, gobernadores, legisladores y demás. Aquí, como se puede constatar a diario, hay una rica veta a explotar. 

     

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  • 22-08-2019EL PELIGROSO JUEGO DE LÓPEZ OBRADOR

    Horas después de que voló a través de los medios la versión de que el gobierno de la 4T estaba negociando con grupos del crimen organizado, la Secretaría de Gobernación desmintió esta interpretación y aclaró que se trataba de los grupos de autodefensa que proliferaron en el sexenio pasado. Que les valga la aclaración, pero el “equívoco” se basó en las confusas   declaraciones de la titular de la dependencia, Olga Sánchez Cordero. Cualquiera que escuche la entrevista banquetera que se le hizo, podrá comprobar esto. Incluso, cuando le preguntan con qué grupos se había reunido, hubiera bastado con decir que eran las autodefensas, pero lo que dijo fue que no podía revelarlo.

    Al otro día, en la mañanera del 21 de agosto, el presidente López Obrador aseguró que no estaban en contacto con grupos de la delincuencia organizada y agregó que primero se buscaría que hubiera justicia. En pocas palabras, no negó que hacia el futuro estos contactos se podrían dar, una vez que se hiciera “justicia”, cualquier cosa que él entienda por esto.

    Sin embargo, la duda permanece. Gracias a la periodista Denise Maerker se supo que el pasado 1 de agosto, el subsecretario de Gobernación Ricardo Peralta se reunió con líderes de la columna armada Pedro J. Méndez. Un par de ellos tienen cuentas pendientes con la justicia y se dice que tienen relaciones con el Cártel del Golfo. El funcionario seguramente sabía todo esto. El gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, se deslindó de la acción y dijo que el subsecretario había acudido a la cita con apoyo de la guardia nacional. De acuerdo a esto, está fuera de duda que sí se están reuniendo los funcionarios con integrantes del crimen organizado.

    En realidad, esto no debería extrañar a nadie, pues desde antes de tomar posesión AMLO había hecho esta propuesta que luego se escondió por las críticas que recibió. Pero el presidente es tenaz (o necio) y ha dejado ver que se podría estar instrumentando en lo “oscurito” esta estrategia.

    El gobierno de la 4T estaría apostando, de implementarse esta idea de perdonar a los cárteles, a que la violencia bajaría. Los narcos, tratantes, vendedores de protección y armeros no serían perseguidos si “renuncian a las armas”. La propuesta es interesante y no deja de tener sus méritos, pero la realidad es que llega tarde y no sería suficiente para frenar la violencia. Los cárteles están en guerra y tratando de expandir su territorio. ¿Podría el gobierno convencerlos de que se conformen con sus territorios actuales? La respuesta es un rotundo no. Más allá, suponiendo que dejarán de matar, aun así, seguirían adelante con sus negocios ilegales. El abandono del Estado dejaría a las y los ciudadana(o)s en manos del crimen organizado.

    Esta idea, nacida de la necedad de AMLO y una mala lectura de otros casos en el mundo, es tóxica y deberá ser combatida por los demás partidos y organizaciones, por la clase política que no está cegada y por los mismos ciudadanos.

    Si AMLO persiste, al menos hay que obligarlo a que tenga el valor de declararlo y que pague políticamente por ello.

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  • 21-08-2019LAS OPOSICIONES, MORENA Y AMLO

    De alguna manera, varios analistas y comentaristas suponen que el estilo de López Obrador y la forma en que está centralizando el poder del Estado está construyendo una especie de priismo de los años 50, 60 y 70. La suposición tiene bases, pero puede estar equivocada. Hay indicios de que AMLO pudiera estar consolidando otra cosa. Bien mirado el asunto, ni en su génesis ni en su desarrollo la historia del PRI-presidente en turno y MORENA-AMLO se parecen. En el primer binomio, el PRI fue un aparato de control construido desde el poder que ya tenían los grupos posrevolucionarios. Por su parte, MORENA se construyó gracias a la iniciativa de un hombre, que utilizó a ese partido para conseguir el poder. Si génesis es destino, estos nacimientos partidarios pueden anunciar destinos diferentes. 

    A los presidentes priistas les interesaba lo que sucedía en el PRI, lo controlaban, lo disciplinaban, intervenían en todas las decisiones relevantes de la organización. Con el tiempo, el control, al igual que la Presidencia y el partido, se fueron desgastando. En cambio, al presidente López Obrador no parece importarle mucho su partido, sus pleitos o quien está en la dirección. Sólo parece interesarle que sea una eficaz correa de transmisión. Esto es así porque se asume por encima de “su” (literalmente) organización. Los presidentes priistas sabían que eran los encargados del PRI, no sus dueños; López Obrador sabe y actúa como lo que es: el amo de MORENA. No le importan los “pequeños” conflictos en el Senado o la disputa por la dirección partidaria que se decidirá el 20 de noviembre próximo. Sabe que en el momento que decida se hará lo que él diga. 

    El formato de la relación AMLO-MORENA le da fuerza al partido, pero al mismo tiempo es una causa de posibles debilidades. Esta aparente contradicción es fácil de explicar. Por un lado, la presencia del presidente le da un poderoso respaldo a la organización. Ahí están las diputaciones senadurías y gubernaturas ganadas por cuasi desconocidos o desprestigiados políticos para demostrarlo. Por otro, la situación de MORENA es peor que la del PRD en el sentido de su cohesión interna, que ni siquiera tiene corrientes. Se cruzan opiniones mil, muchas veces sin relación, contradictorias. Se dirá que todos los partidos padecen de lo mismo y en parte esto es cierto, pero incluso organizaciones como el PRD o MC respetan ciertos lineamientos (no exageremos llamándolos principios), pero en MORENA sólo se escucha una voz.

    Por el lado de las oposiciones es notorio el deseo de recuperarse de la noche a la mañana. Planean, proponen, exigen, esperan que el presidente cometa errores, hacen análisis y pelean entre ellos. Para las oposiciones hay un solo punto de partida real y otro sabido por todos, pero no asumido plenamente. El primero es: no hay recuperaciones fáciles ni rápidas. Todo lo que se haga significará picar piedra durante años. El presidente López obrador se equivoca diariamente, miente diariamente, y no pasa nada. Sólo hasta que sus equivocaciones (o aciertos) le cuesten es que empezarán a ser provechosas para las oposiciones. Lo segundo, lo que todo el mundo sabe, es: AMLO ganó por varias razones, pero básicamente porque las oposiciones se esforzaron en perder. Si todos saben esto, ¿por qué seguir haciendo lo mismo?

     

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  • 19-08-2019VANDALISMO BUENO Y VANDALISMO MALO

    Andrés Manuel López Obrador (AMLO) protagonizó un cierre de Reforma que causó pérdidas de decenas de millones de pesos y el desempleo de muchas personas que sufrieron la quiebra de los negocios donde trabajaban; ahora, una mujer de la 4T, Claudia Sheimbaum, señala que la marcha para protestar por la violencia de género fue una provocación. 

    Allá, en Oaxaca, el presidente de la República dice que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha actuado de forma responsable, cuando en realidad ha protagonizado destrucción, sabotaje, agresiones y la defensa de prerrogativas espurias. Acá, en la ciudad, las autoridades capitalinas se escandalizan porque el jefe de policía es bañado con diamantina rosa. 

    Se amenaza con abrir averiguación previa contra las mujeres que echaron diamantina al jefe Orta y a las que causaron daños por un millón de pesos durante la marcha del 16 de agosto pasado, pero se pierden las pruebas que hubieran revelado el ADN de los policías violadores y se lanza una campaña para desacreditar a la chica que acusó (“iba bailando por la calle”).  

    Todo esto tiene un nombre: hipocresía. Esa es la marca de fábrica de los gobernantes de la 4T. 

    Amnistía Internacional señala que en 2019 se ha privado de la vida a 10 mujeres al día; en el primer cuatrimestre se asesinaron a 311 en todo el país. En la Ciudad de México las denuncias por violación se incrementaron en un 95% en enero pasado en comparación con el mismo mes de 2018. A nivel nacional, la periodista Lydia Cacho llegó a denunciar que cada 18 segundos se viola a una mujer, niña o joven. Además de esto, los acosos en el transporte público se han incrementado. La respuesta del gobierno es repartir una cartilla moral que no toma en cuenta a la mujer más que como escenografía. La misoginia natural de AMLO hecha política pública. Otra respuesta mediática la da la jefa de gobierno acompañada de la indefendible procuradora Godoy y Martha Lamas, pero esa imagen ya no significa nada, esta hueca.

    Después de conocer las cifras, la inefectividad policiaca y la falta de medidas adecuadas, lo notable es que la marcha de las mujeres no haya incendiado más cosas, que no haya sido más violenta. Pero la radicalidad tiene un costo: los medios ven el dedo señalador (los destrozos), pero no a lo que señala: la violencia. Quienes violentaron se equivocaron en el mensaje, pero eso no las hace provocadoras, sino llenas de enojo. Es dable creer que hubo provocadores en la marcha, como el hombre con corte militar o policíaco (¿cómo distinguirlos ahora?) que golpeó a un reportero que solo hacía su trabajo. 

    Con cada cristal roto o cada cosa incendiada hay que recordar cómo les han fallado las autoridades a las mujeres, cómo les han fallado sus parejas y familiares, cómo les ha fallado la sociedad. Llamar a la no violencia es necesario en un país violento, pero lo importante no es eso, lo relevante es gritar que ya basta de violencia de género. Una vida vale mucho más que una estación de policía. A veces no hay otra manera de hacerse escuchar.  

     

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  • 15-08-2019¿ESTÁ EN PROBLEMAS LÓPEZ OBRADOR?

    Es difícil creer que el presidente López Obrador celebrara un pacto de impunidad con el expresidente Peña Nieto. Nada en el comportamiento público del mandatario lo muestra proclive a hacer este tipo de negociaciones. En todo caso, quienes los han hecho han sido sus subordinados, pero con el riesgo de que el tabasqueño puede desconocerlos más adelante. Esto significa que, quien crea que un acuerdo con algún político o funcionario de la 4T está firme, se puede llevar un chasco. El presidente no hace pactos en lo “oscurito”. Hay que decir que hacer este tipo de acuerdos no revela en sí mismo algo ilegal, simplemente hay que recordar que una parte de la política tiene altos niveles de discreción. Simplemente, López no los hace, lo que no es bueno ni malo, es su forma de hacer política. 

    Su actitud de perdonar el pasado puede deberse a un oscuro atavismo priista o bien a un primitivo instinto de conservación. Una cosa es usar el pasado como punching bag en sus conferencias para demostrar que hay obstáculos que vencerá y otra muy distinta es abrir una cacería contra los representantes de gobiernos anteriores. Hacer esto podría conducir a procesos complicados, llenos de problemas legales, políticos y económicos desgastantes y de consecuencias imprevisibles. También pueden estar combinándose ambas cosas (atavismo priista e instinto de conservación). 

    Todo esto viene al caso por la idea propuesta por muchos (y sostenida en esta columna) de que AMLO no se iría legalmente contra políticos del pasado, a menos que estuviera en problemas serios. Muchos analistas y periodistas creen que su gobierno ya está en problemas serios y por eso trata de echar el guante a Lozoya y castiga con exceso de rigor a Robles. Los problemas serios que se mencionan son la inseguridad, la desaceleración de la economía, los errores económicos, la falta de arranque de obras, la cancelación de programas como el de estancias infantiles y otros. 

    Bien, pues hay que decir que ninguno de estos le parece al presidente un problema serio y los datos le dan la razón. Sus niveles de aceptación y popularidad no tienen parangón en la historia reciente (mínimo 47%, máximo 69%, según la encuesta de que se trate). Temas reales como el de la inseguridad o cancelación de programas no parecen estarlo afectando todavía. En buena medida, el grueso de la gente considera que ha pasado poco tiempo y que se debe dar el beneficio de la duda. Por otra parte, el proyecto de la Guardia Nacional ha sido en general bien visto. La incertidumbre entre los inversionistas causada por sus decisiones políticas y la desaceleración de la economía tampoco parecen estarle pasando factura… todavía. Los inversionistas están siendo cautos, pero no están espantados y la baja económica se ha visto compensada en buena medida por los cientos de miles de millones de pesos distribuidos a lo largo y ancho del territorio entre los mexicanos y mexicanas más necesitado(a)s. 

    No, AMLO no parece estar en problemas… todavía, y, en consecuencia, el asunto Lozoya y Robles no parece ser tampoco el inicio de la cacería que muchos esperan. 

    Cuando lleguen los problemas, es de temerse que sus consecuencias se dejen sentir muy rápido. 

     

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  • 14-08-2019LOS MEDIOS PROTEGEN A AMLO

    Todos los días, en su mañanera, el presidente López Obrador da mal un dato o niega una realidad o simplemente miente. También suele soltar un par de frases desafortunadas. A veces hace todas esas cosas en un sola de sus conferencias. En la mañanera de ayer, por ejemplo, soltó una frase inefable, aseguró que su equipo de trabajo era 99 por ciento honestidad y uno por ciento capacidad, lo que equivale a decir que son unos idiotas útiles, pero honestos. Bien mirado, el mandatario no los tiene en un gran concepto. Otra vez negó que las vacunas faltaran, a pesar de que la información no la dio uno de sus “adversarios”, sino uno de los subsecretarios de Salud. Para qué hablar de su negativa a aceptar las cifras de Hacienda en contraposición a las suyas, sacadas de fuentes misteriosas.

    Hasta aquí, no se está señalando nada nuevo, pero cabe preguntarse: por qué la mayoría de los medios difunden lo que tal vez (hay que recalcarlo: tal vez) quiso decir el presidente y no lo que realmente dijo. Cuando hablaba Peña Nieto y cometía alguna errata, de inmediato los medios lo destacaban. Ahora sucede en mucho menos medida y eso que López Obrador podía escribir sus propios memes a diario. No pasa nada. Quienes destacan sus errores son columnistas y editorialistas no los medios en sí. ¿Por qué está protección no solicitada y no agradecida? 

    Gracias a este tratamiento, quienes señalan las numerosas pifias, omisiones y mentiras del mandatario parece que inventaron cosas. Por ejemplo, cuando el presidente comparó a los pobres necesitados de protección con mascotas, más de uno negó que eso hubiera sucedido. Posteriormente, se exhibió el video en el que lo decía. A pesar de esto, su conclusión es que había sido “arreglado”.  Desde el punto de vista de la veracidad de la prensa, los medios estarían obligados a señalar todo esto, sin inventar o exagerar en nada, simplemente como un servicio al que están obligados. Sus resúmenes no sólo “filtran” las notas que cada diario les parece menos riesgoso o importante publicar o emitir, sino que maquillan lo que verdaderamente dijo el presidente.   

    Ahora bien, ¿por qué hacen esto los medios? Esto es lo que deben contestar. Incluso el Reforma, cliente habitual de López Obrador, suele responder a uno o dos ataques, pero a veces no lo hace, ¿por qué? Si lo hace por una prudencia mal entendida, hay que decir que le resulta mal. 

    Es claro que el presidente no va a cambiar sus mañaneras ni, aunque los medios le señalen las mentiras, omisiones y errores, pero eso no les debe importar. Lo que debe importarles es que se difunda qué clase de presidente es y cuál es su verdadero nivel político e intelectual. Renunciar a esto y seguir maquillando las mañaneras le hace un flaco favor a la democracia. 

     

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  • 12-08-2019TRUMP ATACA DE NUEVO

    Trump está a punto de derribar la estrategia anticrimen de López Obrador. Es de mal gusto andar señalando: “se dijo aquí que”, pero en efecto así fue. Se había escrito aquí que el señor Donald Trump podía echar a la basura los planes de López Obrador, sobre todo en lo tocante a seguridad y economía, dos pilares necesarios para lograr estabilidad y viabilidad como país. En el terreno de la economía las cosas van mal por el torpe manejo del nuevo grupo gobernante, peor que el de sus predecesores, lo cual es decir mucho. Si a esto se le agrega la situación económica mundial (guerra comercial China-EUA) y la amenaza de los aranceles, la cosa se pone peor. 

    Ahora, Donald Trump, “el respetuoso”, según el presidente López Obrador, ha regresado a sus amenazas. En un memorándum presidencial difundido la semana pasada, se identifica a 22 países con mayor producción o tráfico de drogas que no están haciendo lo suficiente. En consecuencia: “Sin mayor progreso durante el próximo año, evaluaré la determinación de que México ha fracasado en el cumplimiento de sus compromisos internacionales antinarcóticos”. Si dentro de 12 meses el habitante de la Casa Blanca no certifica que México se ha portado bien, entonces se podrían bloquear los préstamos de organismos multilaterales y retener la ayuda financiera al país.

    Poco importa que México no haya signado ningún compromiso específico en el sentido que dice el magnate, para este todo se reduce a: “porque puedo, lo hago”. Se podrá aducir que estas amenazas no importan porque, según AMLO, no se solicitarán préstamos o ayuda financiera, pero lo grave es la intencionalidad del gobernante de los Estados Unidos. El año que viene estará en pleno la campaña para su reelección, lo que da a sus palabras un alto grado de veracidad. 

    ¿Y qué respondió el presidente López Obrador a estas amenazas? Antes de abordar esto, cabe señalar un par de antecedentes. En primer lugar, en su mañanera del pasado viernes 9 de agosto, el presidente mexicano dijo que no respondería al desafío del crimen organizado y que seguiría combatiendo las causas de los delitos, no a quienes los cometen. Se refería a los 19 cuerpos mutilados hallados a lo largo de una calle, en Uruapan, Michoacán. Esto no es sólo un error táctico, que alienta las masacres, sino que también muestra una indiferencia total al temor de muchos ciudadanos y ciudadanas de que las refriegas entre criminales los alcancen, como ha sucedido ya en muchas ocasiones.  

    En segundo lugar, el presidente López Obrador teme a los arranques de su par norteamericano. Sabe que puede romper su esquema de gobierno, que de por sí está haciendo agua. Por esta razón, ha sido muy complaciente con el mandatario de Washington, más allá de lo que nunca fue presidente mexicano alguno. Con estos antecedentes, no es extraño que López haya contestado que no peleará con su homólogo y siguió con su estribillo de que hay muy buenas relaciones. En los próximos meses se verá cómo se intensifica la lucha contra el crimen organizado. Trump ha hablado.

     

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