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México D.F. Jueves 23 de Mayo de 2019 | 18:31


  • Editorial

    Editorial

  • 21-05-2019LA RENUNCIA

    Se especulaba que renunciaría primero Olga Sánchez Cordero, una mujer talentosa que a veces parece reducida a ser parte de la escenografía; Alfonso Romo, el jefe de la oficina de los consejos que no se siguen; o bien Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores y traductor no oficial en las mañaneras. Pero no, el asunto saltó lejos de estos personajes y se dio en la persona de Germán Martínez, fugaz director del Instituto Mexicano del Seguro Social. Aunque no es la primera renuncia en el gobierno de la 4T, si es la primera de uno de los personajes de primera línea en el gabinete.

    Para los doctos analistas que no están sorprendidos con el cisne negro, hay que decir que esta renuncia pueden interpretarla como quieran, pero no como una cosa menor. Se fue Martínez Cázares y el texto de su renuncia confirma (como si se necesitara) algunos de los peores temores acerca de los recortes que está haciendo el gobierno federal.

    Amparándose en el ideario político de López Obrador, un esfuerzo por demás ingenuo tratándose del tabasqueño, acusa a “algunos funcionarios” de la secretaría de Hacienda de tener “una injerencia en el IMSS y pone en riesgo la vocación igualitaria, concretamente, la prestación de servicios de salud que tiene el Seguro Social.” Y más: “El Presidente del Gobierno de México proclamó el fin del neoliberalismo, pero en el IMSS algunas injerencias de Hacienda son de esencia neoliberal: ahorro y más ahorro, recortes de personal y más recortes de personal, y un rediseño institucional donde importa más el "cargo" que el "encargo".”

    Se pretende, dice Martínez, un cambio cosmético en el IMSS y no una reforma a fondo; se propone el nombramiento de delegados administrativos dependientes de Hacienda para que controlen al Instituto en los estados. La peor pesadilla: la salud administrada por burócratas atentos al dinero, no en la salud. Esto se traduce en lo que ha caracterizado a la 4T: el control de los recursos.

    Una de sus conclusiones lapidarias asegura: “Ese control del gasto tiene dos consecuencias fatales: una directa para el IMSS: pasillos de espera, llenos de personas adoloridas y mal trato o retraso en la atención a pacientes; y un segundo efecto indirecto todavía peor: el fortalecimiento de los servicios de salud privados, que ocasionará el mayor "gasto de bolsillo" de las familias cuando sus seres queridos tengan un padecimiento.”

    Es posible que Martínez Cázares buscara presionar con su renuncia a Urzúa y a AMLO. Es muy posible que se haya equivocado, el presidente no reacciona bien a este tipo de planteamientos, como lo demuestra su contundente respuesta: “Hacienda tiene que participar en todo lo que corresponde al Seguro Social y al ISSSTE". Es posible que Martínez haya encontrado irresoluble la tarea de administrar al IMSS con los recortes y decidiera abandonar el barco. Como sea, puso el dedo en la llaga: los recortes se están haciendo en áreas vitales: medicinas, médicos, laboratorios. Recortes cuyo destino es engrosar los proyectos clientelares de AMLO. ¿Creyó Germán Martínez que su jefe haría otra cosa?

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  • 20-05-2019AMLO Y EL DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA HOMOFOBIA, LA TRANSFOBIA, LA LESBOFOBIA Y LA BIFOBIA

    El pasado viernes 17, en la mañanera, se vio lo mejor de la 4T: un presidente hablando de la necesidad de la lucha contra las fobias que afectan a la comunidad LGBTTTIQ y que dan por resultado la merma en sus derechos humanos básicos, la dificultad para contar con empleos remunerados, el acceso a servicios médicos con respeto y calidad y, a veces, la agresión y la muerte por ser quienes son.

    Es claro que al presidente López Obrador algunos temas no le gustan, van contra sus creencias o simplemente no los entiende. El tema de los derechos de la comunidad LGBTTTIQ es uno de esos temas. Pese a esto, alguien lo convenció de que el día internacional se convirtiera en un día nacional.

    Sin embargo, como suele suceder con este y otros temas, el presidente hizo un discurso sobre derechos que podría ser aplicable a cualquier situación de cualquier sector: no permitiremos bla bla, porque todos tienen derechos bla bla. El verdadero López Obrador salió a relucir cuando uno de los reporteros le preguntó si impulsaría el matrimonio igualitario en todo el país, al mismo tiempo que la posibilidad de que las parejas homosexuales pudieran adoptar hijos. Ahí se acabó el encanto. El presidente dijo que no, que las leyes existentes alcanzaban, que la sociedad decidiría, que vamos paso a paso. En realidad, la jurisprudencia la ha fijado la SCJN, más que las leyes estatales o federales, que en muchos casos siguen siento homófobas, por decir lo menos. Preocupa que el mandatario diga que la sociedad es la que decidirá sobre la adopción y la legalidad del matrimonio igualitario porque suena a consultas; otra vez su vieja y conservadora idea de que los derechos se pueden someter a consulta. Esa respuesta, lo retrata de cuerpo entero.

    En una extraña (es un decir) transformación, Alejandra Haas, directora de la CONAPRED se convirtió en vocera del Ejecutivo y comenzó a hablar de los planes inclusivos en los programas educativos y en los servicios de salud, que deberán ser dignos. Sorprendió que un funcionario de la Secretaría de Salud asegurara que nunca habían faltado los medicamentos retrovirales, cuando a todas luces era una mentira. El silencio de la directora de la clínica Condesa acerca de los problemas de abasto o la falta de presupuesto fue preocupante. El único que puso la nota discordante en este concierto de todo está bien en la 4T, fue Genaro Lozano, sin que sus señalamientos alcanzarán a perturbar a López.

    Por supuesto, sería absurdo esperar que las mañaneras se convirtieran en actos de crítica política de lo que está mal, pero, ¿sería mucho pedir que dejarán de ser eventos para que el presidente se luciera a diario y se convirtieran en eventos republicanos de evaluación de cómo andan los problemas? Y sí, es mucho pedir tratándose de López Obrador.

    Al final, no dejó de ser gracioso ver como el presidente tomaba la bandera del orgullo con la punta de sus dedos y su incomodidad manifiesta por quienes lo flanqueaban. Es cierto lo que dicen: las imágenes dicen más que mil palabras.

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  • 16-05-2019MARGINAR DE LA POLÍTICA A LA SOCIEDAD CIVIL Y EL PERIODISMO

    ¿Por qué ha sido tan relativamente fácil sacar de las decisiones políticas (y de otros ámbitos) a las organizaciones de la sociedad civil (OSC) en este nuevo régimen? Dichas organizaciones parecían muy fuertes, bien informadas, llenas de profesionales serios, con influencia en los medios. ¿Por qué ha sido tan fácil desplazar a periodistas consumados de la atención de mucha gente y, de paso, golpear sin mucho costo a medios de comunicación influyentes? Igual que las OSC parecían muy poderosos, el círculo rojo era leído y escuchado, la clase política y empresarial buscaba a diario sus comentarios y señalamientos.

    Se dirá que todo esto es efecto de la forma en que el presidente López Obrador está instrumentando su 4T y es cierto, pero eso no explica todo el fenómeno.

    Tal vez hay que buscar otras causas, algunas que tienen que ver con la propia conformación de las OSC y de la forma en que trabajan los medios de comunicación y los comunicadores. También, con hechos que tienen que ver con la clase política en general y no solamente con MORENA o el estilo personal del presidente López. Desde luego, hay otras situaciones que van más allá de esto, se refieren a la forma en que ha crecido, por decirlo de alguna manera, la sociedad o al menos grandes porciones de ella.

    En primer lugar, hay que decir que casi a ninguno de los integrantes de la clase política, sea del partido que sea, le gusta la prensa. La ven como un mal necesario, pero para el grueso de los políticos son fisgones que exageran, señalan o revelan en momentos inadecuados. Si alguien de la prensa da a conocer algo gordo acerca de un político, así sea verdad, se le acusa o se sospecha que está trabajando con algún adversario.

    Un ejemplo de esto fue la acusación contra Brozo, ahora que se inconformó duramente contra el estilo de AMLO, de que se había prestado a una maniobra de Salinas por dar a conocer la aventura de Bejarano y las ligas de Ahumada. Aun suponiendo que esta maniobra fuera cierta (y al parecer lo fue), lo más grave sin duda era que el brazo derecho de López Obrador “cobraba” favores millonarios. Igual de serio fue la revelación de que el líder tabasqueño trataba de no enterarse de los detalles sucios para que no lo alcanzara el escándalo.

    La verdad es que ahora la mayor parte de los políticos deben estar felices de que se puede atacar, descalificar y calumniar a la prensa sin que haya apenas consecuencias. Por cierto, el ejemplo del presidente está cundiendo entre otros políticos, incluso de otros partidos, que sin empacho descalifican el trabajo de periodistas y medios. De manera similar, los políticos no gustan de las OSC que estudian los comportamientos de los presupuestos, programas, afirmaciones y comportamientos de los dineros públicos. Desde que hicieron su aparición, han sido incómodos. Ahora que el Ejecutivo les ha cortado las alas presupuestales y los ha acusado de complicidad, la mayor parte de la clase política debe estar feliz. ¿Cuál es la prueba de esto? Que salvo una o dos débiles declaraciones, sin importar el partido, les ha importado poco el ataque sistemático a la prensa o a las OSC.

    Del otro lado, mucho del debilitamiento de las OSC y de la prensa y los comunicadores críticos se debe a la dependencia de los recursos públicos. Muy pocas organizaciones y prácticamente ningún medio son del todo independientes de ese dinero, ahora que se suspendió tienden a desaparecer. En los medios de comunicación, los dueños están cambiando programaciones, o creando programas con simpatizantes de la 4T.

    Tal vez, empresarios, concesionarios y los partidos de oposición no están preocupados por estos signos porque no son OSC ni periodistas. Ya les llegará el turno.

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  • 15-05-2019LAS NECESARIAS ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL

    En el mundo de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) hay de todo: algunas legítimas, otras creadas como una forma de presión o de obtención de recursos, etc. El hecho es que en el mundo actual representan un capital humano importante y un medio adecuado para canalizar recursos, propagar el arte y la cultura, defender causas o coadyuvar a la aplicación de políticas públicas. Es un universo variado y rico.

    Ya se sabe que el presidente López Obrador les declaró la guerra a las OSC, a las que ha acusado de corruptas, aliadas al neoliberalismo o bien parte de la mafia del poder. Se niega a darles recursos, pero en realidad no es por esas razones, sino por otras dos, bastante más elementales: 1) necesita el dinero para canalizarlo a SUS proyectos clientelares, y 2) las OSC no le garantizan votos ni fidelidad política.

    Todo esto viene a cuento por dos de los temas que se trataron en las mañaneras presidenciales del 14 de mayo: personas desaparecidas y combate a las adicciones en niños y jóvenes. Ambas acciones son necesarias en una sociedad como la mexicana y revelan buenas intenciones. No fue una sorpresa, por desgracia, la cantidad de fosas clandestinas halladas en estos meses del nuevo gobierno, ni la cantidad de cuerpos abandonados ahí. Tampoco los estados de la República dónde fueron hallados los restos. Se ha vuelto tan habitual esta clase de informaciones que han perdido la capacidad de horrorizarnos. Tiene razón el subsecretario Encinas en empeñarse en devolverles sus nombres. Por un principio de reconciliación nacional hay que contestar a los familiares de los que han perdido a alguien si los cuerpos hallados son los de los suyos. Encinas es la voz de los que ahora yacen sin ella y sin nombre.

    El otro programa, el del combate a las adicciones en niños y jóvenes apenas se esbozó. Sin embargo, hay varias interrogantes que parecen no haberse abordado: ¿sólo se trata de una campaña mediática? Por lo que se dijo, se espera que los medios de comunicación participen en la campaña, pero ¿gratuitamente? Otras más: ¿se hará prevención en escuelas, entre padres de familia y grupos de jóvenes en riesgo?, ¿cómo será la coordinación intersecretarial e interdependencias?, ¿quién hará qué? En el terreno de los dineros, cuando se le preguntó al vocero este dio muestras claras de que no tenía idea de esto. La respuesta del presidente López: “todo el que sea necesario”, es elusiva y preocupante. La campaña se necesita, pero la demagogia no.

    Lo real es que en esta última campaña el gobierno no tiene los necesarios psicólogos, médicos, trabajadores sociales y sociólogos, entre otros especialistas para hacerle frente a una cruzada de Estado, en forma y real. En ambas tareas, la lucha contra las adicciones y la búsqueda de desaparecidos, sería muy valiosa la labor de las OSC, muchas de las cuales ya se han especializado en estas tareas, El problema es que AMLO les ha declarado la desaparición. Grave error.

     

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  • 14-05-2019QUEDANDO BIEN CON LAS CALIFICADORAS (Y LOS BANCOS)

    La mañanera del lunes 13 de mayo tuvo dos objetivos: 1) mostrar que la economía está bien y que así lo reconocen importantes bancos de alcance mundial; y 2) que PEMEX saldrá adelante gracias a la determinación del gobierno de la 4T. El mensaje fue ese, todo lo demás fue accesorio.

    De vuelta en el seno materno que son las mañaneras, burbuja en que todo está bajo control, el presidente López Obrador recuperó el estilo ganso (andar bamboleante, cola parada y mucho graznido) y estuvo de buen humor.

    Con la ayuda del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard (que deberá cambiarse el nombre a Marcelo Ebrad, dada la imposibilidad presidencial de pronunciarlo correctamente), Carlos Urzúa, Secretario de Hacienda, y Octavio Romero, director general de PEMEX, recibió en la mañanera a tres representantes de la banca internacional: Felipe García-Moreno (JP Morgan), Nuno Matos (HSBC) y Jerry Rizzieri (Mizuho Securities). Con estos representantes, el mandatario firmó un acuerdo de reestructuración de una deuda de PEMEX por 2,500 millones de dólares y la renovación de una línea de crédito por 5,500 millones de dólares por cinco años. Por supuesto, López Obrador aclaró que el dinero está ahí, pero que no lo usará porque su gobierno no contraerá más deuda. El crédito está ahí “por si las moscas”, nueva término técnico cortesía de la 4T y que sustituye a la usada por los neoliberales.

    Todos los gobiernos del mundo hacen reestructuraciones de su deuda y contraen nuevas líneas de crédito si su economía lo soporta. Los bancos acceden si el gobierno y el país están en sintonía con sus requerimientos. Es un evento común y corriente en naciones que no están en crisis (y México no lo está). Entonces, ¿por qué hacer un evento tan llamativo, con firma pública y toda la cosa, de un acto que debía ser de trámite? La respuesta es muy simple y se remite a los dos objetivos señalados al principio de este texto. Cabe preguntarse también: ¿por qué los banqueros se prestaron a dar la impresión de que no les preocupan las decisiones que está tomando AMLO en ciertas materias? En principio, su presencia no los compromete mayormente y a ellos les conviene que el país no tropiece. Lo que les importa son las condiciones pactadas en los documentos firmados y que comprometen, por lógica, a pagar lo que se debe. En aras de la transparencia obradorista, estos documentos debían darse a conocer.

    Adicionalmente, López Obrador y Urzúa avisaron de la firma de un decreto para reducir la carga fiscal de Pemex, liberando del costo de utilidad compartida a 400 pozos de la empresa. Uno de los periodistas asistentes le preguntó al presidente si no hay temor de que la reducción de recursos por esta ayuda a la paraestatal (25 mil millones de pesos en una primera etapa) pueda afectar lo comprometido para los programas sociales. La respuesta fue que ese presupuesto es “sagrado” y que gracias a la austeridad y el fin de la corrupción los recursos alcanzarán (y si no, hay otras libras de carne que cortar). Cabe preguntarse si los retrasos en el otorgamiento de los recursos para programas sociales no se deben, en parte, a las maromas que están haciendo en el gobierno para que alcance el presupuesto. Hay que recordar que, a diario, el presidente López Obrador compromete recursos para distintos problemas que se va encontrando.

    Más allá de esto, es claro que el evento del 13 de mayo fue un mensaje: PEMEX es una pieza nodal para que las calificadoras no rebajen la calificación de México y de la empresa petrolera. ¿Habrá sido suficiente el show?

    Curioso: el presidente más nacionalista está preocupado por no irritar a Trump y quedar bien con las neoliberales calificadoras.

     

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  • 13-05-2019LÓPEZ OBRADOR PERDIENDO EL ESTILO

    Todos los días, en sus mañaneras, el presidente López Obrador presume su amor cristiano al prójimo; ahí, no pierde el estilo. Realmente, es difícil que en ese ambiente controlado que son sus conferencias se pueda encontrar un reto. El problema está cuando sale a la realidad, cuando esa burbuja de jabón rosa de preguntas a modo y cuestionamientos a los adversarios del mandatario se revienta.

    En los últimos días, donde quiera que va, hay quejas acerca de los programas sociales. Los dineros no llegan y el pueblo bueno comienza a desesperarse. Los más afectados son los ciudadanos y ciudadanas de la tercera edad. En respuesta, López manda al carajo todo y cesan a dos coordinadores regionales por ineficientes. ¿Fueron ineficientes? Es difícil saberlo, lo real es que le fallaron al gran jefe y este no les dio la segunda oportunidad que sí les concedió a Napito y Elba Esther. Más adelante, el presidente truena y asegura que no se dejará rodear de lambiscones y barberos. En Nayarit, amenaza a una empresa porque no ha terminado una carretera. Le quitará la concesión si no se pone a trabajar, asegura. También en Nayarit y desesperado porque los empresarios de telecomunicaciones no acudieron a su llamado para poner internet hasta en la última ranchería, avisa que echará a andar una empresa del Estado para hacerlo. De inmediato, los inocentes analistas señalan que no podrá hacerlo, que saldría muy caro. ¿Acaso el control de internet no haría que valiera la pena el gasto?

    Todos estos hechos y dichos tienen un común denominador: la voluntad de hacer. Pero ésta no basta, sobre todo cuando se piensa equivocadamente que los procesos son muy sencillos, se despide a la gente que sabe hacer las cosas, se deja en los controles a los ineptos y se instala un ambiente de guerra en contra de quienes no piensan como el presidente. La voluntad no basta. ¿Habrá aeropuerto en Santa Lucía? Por supuesto que sí; ¿habrá refinería Dos Bocas? Claro; ¿habrá empresa estatal de internet? No hay porque dudarlo. Se harán al precio que sea, caiga quien caiga y quién sabe con qué calidad. ¿Qué hará López Obrador cuando las cosas se retrasen, eleven su costo, sean de mala calidad? Fácil: dirá que fueron los que le dejaron el gobierno como “un elefante reumático”. Cuando esto ya se haya gastado, entonces dirá que son los conservadores que lo sabotean desde los medios y los partidos políticos. Él traerá siempre otros datos. Quien crea que el país está dividido, todavía no sabe a los niveles que puede llegar esta división.

    Por ahora, el presidente sabe que no le están saliendo las cosas como las desea y sabe que la lentitud puede hacerle perder apoyos entre sus seguidores menos radicales, aquellos que votaron por él debido a la corrupción o al cansancio de una clase política ventajosa. Estos se han encontrado con un gobierno que no parece tener ideas claras sobre los grandes problemas, inepto, demagógico y, además de todo, aburrido.

    Por lo pronto, el pasado fin de semana, el presidente López perdió el estilo.

     

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  • 09-05-2019¿LA IRRELEVANCIA DEL PRI?

    En este tema hay que partir de dos premisas: 1) de alguna manera, el presidente López Obrador desea gobernar con el PRI de su lado; 2) el PRI es mejor partido que MORENA. No es que el mandatario añore a su viejo partido (aunque tal vez sí) o se haya puesto sentimental, el asunto es puramente político. Van las razones de las dos premisas. Como partido en sí, el Revolucionario Institucional se ha vuelto irrelevante, pero unido a otras causas y partidos tiene una connotación distinta, un peso mayor. López Obrador sabe que el apoyo de organizaciones como el PES, PT y PV es incondicional. Ayudan en el Congreso con sus votos, pero en la calle no tienen gran peso. Con el resto de los partidos la relación es distinta. El Movimiento Ciudadano tiene su propio proyecto político que pasa por el gobernador Enrique Alfaro. Sólo quedan PRI y PAN y AMLO se siente menos a disgusto con el tricolor.

    Respecto al segundo punto, hay que tener en cuenta que MORENA es un partido hecho de retazos, plagado de líderes disímiles y con su propio proyecto. Los cuadros sólo atienden a una voz: la del ahora presidente de la República. Ningún otro liderazgo tiene influencia en el resto de ese partido y ninguno está dispuesto a obedecer a otros. Tiene otro problema: no tiene muchos cuadros entrenados, profesionales y eficientes. En este sentido, el tricolor está mejor armado. Además, López Obrador sigue siendo en el fondo (y en la superficie) un priista de los de antes.

    En este contexto, mientras los analistas se debaten en los apoyos que recibe cada uno de los competidores tricolores (José Narro y Alejandro Moreno) y quién tiene más posibilidades de ganar la presidencia de la organización, la verdadera pregunta es: ¿alguno de los dos tiene algún proyecto para el partido? La respuesta parece negativa si se tiene en cuenta que tener un proyecto significa avanzar en una serie de definiciones que no aparecen en ningún lado. El PRI jugó a ser el partido de la Revolución Mexicana, el único papel para el que realmente estuvo preparado, cuando el efecto del movimiento social desapareció la organización trató de modernizarse pasando por varias etapas de “modernización”: el liberalismo social de Carlos Salinas, el “nuevo” PRI, el proyecto socialdemócrata en este siglo, etc.

    Ahora, ambos bandos proponen girar a la izquierda, lo que demuestra que el pollo sigue sin tener cabeza. Aunque en realidad, el PRI sin proyecto sólo tiene dos opciones: se convierte en un partido de oposición, detrás del PAN, o vuelca a la “izquierda” y se une al proyecto del presidente López Obrador, detrás de este. Por la forma en que ha votado el tricolor en el Congreso y el comportamiento de sus líderes y gobernadores parece claro el rumbo que llevan. Quien suponga que Narro y “Alito” representan dos proyectos distintos, se equivoca. En realidad, ambos bandos apoyan al ahora presidente de la República, sólo que uno es (o trata de ser) más discreto que el otro. Se trata de sobrevivir y esperar nuevos y mejores tiempos que, probablemente, no llegarán. Los “héroes” tricolores están cansados o envejecidos. Endgame, como diría Ironman.

     

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  • 08-05-2019¿VAMOS HACIA UNA SOCIEDAD ASISTENCIALISTA?

    El presidente López Obrador se ha vuelto un especialista en contradecirse a sí mismo. Por ejemplo, prometió que todos los contratos se darían de forma transparente y por medio de una licitación y la realidad es que el 80% de ellos se han dado de manera directa. En otro ejemplo, en su momento consideró que era necesario aplicar una política de desarrollo social y no quedarse solamente en el asistencialismo. La realidad es que ha resultado más asistencialista que sus cuatro predecesores en la Presidencia, con un agravante: los recursos se están usando para formar clientelas político-electorales.

    En este camino, en la mañanera del 7 de mayo, AMLO dijo que los recursos en programas sociales (asistencialistas) suman más de 300 mil millones de pesos. Contó que actualmente se dan estos apoyos a 14 millones de personas y se piensa que al final del año se entregarán a 22 millones. ¿Cuál es su aspiración? Según él, que uno de cada dos hogares del país cuente con algún apoyo de estos programas. En las zonas indígenas la meta va más allá y señaló que espera que en la totalidad de los hogares situados en dichas zonas se reciba una “ayudita” de López Obrador (no del Estado o el gobierno).

    Hay tantas cosas erróneas en esta concepción que es difícil saber por dónde empezar. En primer lugar, es correcto que se apoye con becas a los estudiantes, desde la primaria hasta la universidad, pero hacerlo generalizado es un error… y costoso. Como se ha demostrado hasta la saciedad, los apoyos y subsidios generalizados, incluso a población que no lo necesita o no lo quiere, conllevan a fenómenos indeseables, más allá de que se desperdician recursos: crean la idea de que el Estado DEBE dar esos recursos. En realidad, deforman la idea de las obligaciones de un gobierno. No son actos de justicia social, son derramas de dinero para crear simpatías y votos.

    Por supuesto cada situación es distinta. En la tercera edad, por ejemplo, la gran mayoría de la población no recibe pensión o jubilación alguna; en otros casos, las pensiones son raquíticas. En ambas situaciones es correcta la entrega de recursos, pero debe hacerse en forma institucional. A las y los mexicanos que no requieren estos recursos, no se les debe otorgar. Más allá de la entrega de dinero, esta etapa de la vida necesita de otros apoyos que no se están dando o no suficientemente: especialistas médicos, terapias, casa de encuentro, empleos, etc. Si realmente existiera una preocupación, se buscaría como atender integralmente a las personas de la tercera edad.

    Así como en el anterior caso, también para los estudiantes, jóvenes que desean aprender un oficio y demás población objetivo, se puede dar sólo a los que lo requieran. Es cierto que el asistencialismo no lo inventó AMLO, sino su viejo partido, el PRI, pero el tabasqueño lo ha llevado a alturas insospechadas.

    El asistencialismo inhibe la creatividad y la iniciativa social, ahoga recursos públicos que debían usarse para crear empleos o estimular la creación de ellos y acostumbra a la sociedad a creer que se puede tener poco dinero y que se recibe merecidamente. Esto tiene un nombre y ahora un apellido: paternalismo lopezobradorista.

     

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  • 07-05-2019DE MARCHAS Y DESFASES

    Algunos analistas y periodistas han señalado que se está acabando el “efecto teflón” que protegía a López Obrador de sus (muchos) errores. Sobre este asunto vale la pena repasar dos ideas.

    Primero: el desfase. Se puede afirmar que el presidente López Obrador marcha más rápido que su gabinete. Es decir, la voluntad de hacer cosas del presidente y las muchas promesas que hace están siendo más veloces de lo que sus mujeres y hombres de confianza pueden efectivamente hacer. Ejemplos hay muchos: AMLO decreta que se haga la refinería Dos Bocas, pero resulta que hay que cumplir con una serie de trámites y estudios. Lo mismo pasa con Santa Lucía y el tren del Istmo o el Maya. En los programas asistenciales las cosas también van lentas. Los programas para que los jóvenes aprendan un oficio no terminan de aterrizar y los empleos que están logrando (limpieza de locales o bien mensajeros) no les están enseñando ningún oficio. En el manejo del presupuesto o la convocatoria para la inversión privada pasa algo muy similar. 

    Los que ven con buenos ojos a la 4T señalan que son errores naturales de novatos. Es el precio del aprendizaje. Los que ven con malos ojos a la 4T señalan que son signos de que no se puede hacer todo lo que desea y manda el presidente y que el país marcha a un desastre. Sea una cosa u otra, el hecho es que este desfase entre promesas presidenciales y realidades está comenzando a causar desconfianza, alejamiento de la figura presidencial y, en muchos casos, enojo (CNTE, personas de la tercera edad que no han recibido su pensión, empresarios, etc.).

    Segundo: la marcha. Algunos diarios aseguran que el domingo 5 de mayo protestaron contra AMLO 10 mil personas, otros elevan la cifra hasta 15 mil. Todos ellos pidiendo que renuncie o rectifique, que cambie su lenguaje, etc.  En cualquier caso, no parece preocupante para la causa de López Obrador. Sin embargo, hay que señalar que ninguna de las marchas que convocaron pidiendo la renuncia de un presidente tan impopular como Peña Nieto logró reunir tal cantidad de gente. Ahí hay un fenómeno que explicar. Desde luego, los partidarios del mandatario podrán decir que fueron pocos o que son fifís, pero es interesante señalar que no fueron acarreados. Tal vez lo más importante no fue la marcha en sí, sino la reacción presidencial. Si AMLO continúa metiendo la pata, afirmando cosas que no son ciertas y atacando a los que no piensan como él, seguirá alimentando las manifestaciones en su contra. La verdad, es poco probable que modifique su conducta, así que el desgaste continuará.

    Pero hay un peligro más allá de todo esto, un peligro que amenaza a la 4T y al resto de los partidos. Ese peligro es la posibilidad de que surja un líder o un movimiento de ultraderecha que desplace a todos. Un ejemplo de ello son los errores de López Obrador en el tema de la migración. Su doble lenguaje ocasionó la molestia de los Estados Unidos y ahora de los países centroamericanos, así como la presencia de miles de personas migrantes que empiezan a ser señalados y tratados como indeseables. Hasta ahora, hay pocas voces que pidan su expulsión, pero cada vez son más. Su política asistencialista está molestando a un sector de la sociedad que piensa que las personas deben ganarse el pan con trabajo. La tolerancia hacia los excesos de grupos como la CNTE también está ocasionando enojo. La ultraderecha avanza. ¿Cuánto? ¿Cuándo?

     

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  • 06-05-2019CONTRA EL AUTORITARISMO, MANTENER LOS VALORES LOGRADOS

    Después de la crisis económica de los años 80 fue claro que el modelo impulsado por el PRI ya no era funcional, ni en la economía, ni en la política o la vida social. El reclamo fue por una economía distinta, con un manejo del presupuesto más transparente. Luego de las elecciones federales de 1988 y el oscuro “triunfo” de Salinas de Gortari, el reclamo iba encaminado a que las elecciones no fueran administradas por el gobierno. En los siguientes años, las demandas se multiplicaron: el derecho a la información, el derecho a una educación de calidad, etc. Muchas cosas se lograron, pero otras se quedaron en el tintero.

    En estas demandas y luchas participaron muchos actores desde diferentes segmentos del abanico político: PAN, PRD, organizaciones civiles, personajes independientes, ciudadanos comunes y corrientes y hasta sectores del PRI. Se logró que el Estado no dependiera de un solo personaje, así fuera el presidente de la República. Se repartió el poder, antes total, en un Congreso independiente, una Suprema Corte de Justicia (SCJN) sin sujeciones, una serie de órganos autónomos, etc.

    Gracias a esto, los medios pueden averiguar cómo se gastan los dineros, quién autoriza qué cosa, si hubo o no desviaciones presupuestales, mediciones objetivas de los problemas sociales y económicos, sentencias justas, etc. Es claro que no todo fue perfecto ni libre de errores, pero el país cambio para bien. Llegaron de otros partidos a ocupar la silla presidencial, gubernaturas estatales y municipales, diputaciones y senadurías; se acusó a funcionarios corruptos, se puso en evidencia a quienes fallaron, incluso a presidentes de la República. Nadie puede negar que a Peña Nieto le llovió casi todos los días un alud de críticas.

    El actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), fue beneficiario de estos cambios habidos en el periodo que ahora condena de manera mentirosa y exagerada. Gracias a un INE pudo reconocerse su triunfo, gracias al INAI, CONEVAL, INEGI y la Auditoría Superior de la Federación, todos ellos órganos autónomos, pudo acceder a los datos que le permitieron tener la información necesaria para acusar o hacer campaña.

    Como se dijo, quedaron pendientes. Dos de los más importantes fueron: diseñar un esquema institucional para que el gasto social no se utilice con fines políticos y darles dientes a la Auditoría Superior de la Federación y a la Comisión Nacional de Derechos Humanos. En la transición Peña-López quedó el nombramiento de una fiscalía independiente y una fiscalía anticorrupción, también autónoma.

    Mucha gente que votó por López Obrador creyendo que era un liberal de izquierda (algo que evidentemente no era y no es), sobre todo entre la clase media, creyó que se avanzaría en el camino trazado durante los últimos 30 años para cumplir los pendientes que faltaban para hacer un país más justo en todos los órdenes.

    Qué equivocada se dieron. López Obrador está construyendo un gobierno centralizado en su persona, autoritario, desobediente de la ley y, además, mentiroso, exagerado y demagógico. Su ataque a lo hecho en las últimas décadas no es raro, es una manera de decir que no continuará con la repartición democrática del poder, al contrario, se trata de regresar a la figura presidencial todo el poder.

    Valores e instituciones que se deban por sentados están siendo vulnerados de manera continuada: laicismo, educación laica, la búsqueda de la educación de calidad y laica, órganos autónomos, separación de Poderes, etc. El país está como a principios de los años ochenta; ha llegado el momento de defender estos espacios logrados y exigir que México dé un salto hacia adelante, no hacia atrás.

     

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  • 01-05-2019CRÓNICAS DEL AÑO CERO (XXVIII): LA PAULATINA DESAPARICIÓN DE LA HUMANIDAD

    Hasta donde se sabe, la historia terrestre registra cinco eventos masivos ligados a la extinción de especies (ELE por sus siglas en inglés). Cada una de estas grandes extinciones ha borrado al menos a la mitad de las especies del mundo, pero una de ellas, la ocurrida al final del Pérmico o Gran Mortandad, borró al 96% de ellas. La vida en la Tierra estuvo en un tris de la aniquilación total. Este evento ocurrió antes de que aparecieran los dinosaurios, hace aproximadamente 250 millones de años.

    Estas cinco extinciones fueron ocasionadas por eventos naturales (cambios climáticos, cometas, erupciones, etc.). Ninguna especie las causó o tuvo el poder de detenerlas. Ahora, enfrentamos la sexta extinción. Esta no es una teoría o una suposición de escritores de ciencia ficción, es un hecho. Numerosas señales se dan a diario, muchas se han comentado aquí: miles de especies animales han tenido una baja notable en sus números (jirafas, elefantes, grandes felinos, etc.), al punto que se afirma que se aproxima una extinción masiva de especies. Se calcula que la fauna del planeta es la mitad de la que existía a principios de los años 70. Todo esto es el resultado de diferentes procesos mayormente causados por los seres humanos.

    Pero hay un dejo trágico en todo esto. Los héroes griegos trataban de huir de su destino y los dioses los cegaban para que finalmente se encontrarán inmersos en él. La humanidad del siglo XXI se dice inteligente y tecnológicamente preparada y la ciegan los dioses de la soberbia y la ignorancia.

    Hoy, ante un cataclismo que la humanidad está provocando, hay la oportunidad de sobrevivir. Una oportunidad que nunca tuvo ninguna otra especie que enfrentó el desastre. Tal vez existe la forma de evitar la sexta extinción, aunque para muchos estudiosos y activistas las medidas tomadas para hacerlo son muy leves y llegan demasiado tarde. ¿Por qué sucede esto?

    En general, las personas reaccionan ante un desastre cercano. Si hay un incendio en una casa vecina, muchos acuden a tratar de ayudar. Si alguien de una comunidad sufre un accidente no faltará quien lo socorra. Lo mismo sucede en otros casos. Sin embargo, las personas reaccionan mucho menos si el desastre es en otro país con una cultura diferente. Véase, por ejemplo, cuando hay un atentado terrorista en Paris u otra ciudad europea, las reacciones de los ciudadanos norteamericanos y mexicanos expresan mayoritariamente estupor, molestia y solidaridad. Pero muchos países africanos sufren atentados a diario, con números mortales mucho mayores, ¿por qué no hay las mismas reacciones? Sería largo explicar el porqué, pero tiene que ver con muchos temas de cultura y comunicación.

    Si este relativo alejamiento sucede con países contemporáneos, pero que forman parte de otra esfera cultural, no es extraño que ocurra con un evento tan difícil de digerir como el de la sexta extinción y que está en el futuro (no tan lejano, por cierto). En términos de especie, 100 o 200 años no es mucho tiempo, pero el espacio que nos queda para evitarlo es tal vez mucho más breve.

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  • 30-04-2019PROVOCACIONES Y CORTINAS DE HUMO

    El presidente López Obrador ha hecho de la provocación un estilo personal de gobernar. Y hay que decir que lo hace bastante bien. Sus consultas a mano alzada o en mesas de acopio hechizas y sin representatividad enojan a muchas personas, ríos de tinta se destinan a artículos sesudos que cuestionan la legalidad del método. Generalmente, les atiza más llamando fifís o conservadores a esas personas. Con esto sube la intensidad de la molestia de sus opositores, pero, pese a esto, las respuestas son escasamente efectivas en términos políticos.

    Con el ejemplo de las “consultas” gansito (las patito ya pasaron de moda) hay que dar dos pasos atrás y ver la cuestión fríamente. Todo presidente entrante tiende a cancelar proyectos que para su antecesor eran importantes, sin fijarse muchas veces en la utilidad práctica que tienen. De hecho, esa es una de las detestables prerrogativas presidenciales que en muchas ocasiones truncan proyectos relevantes. Ejemplos hay muchos. A veces, un presidente entrante cancela programas porque teme que se beneficie a su antecesor en el cargo.

    En este sentido, la gran diferencia con otros presidentes es que López Obrador ha cancelado una buena parte de los proyectos de administraciones anteriores (como nunca antes) y lo ha hecho de una manera muy especial. Se cancela el aeropuerto por una supuesta consulta, se hará un tren transístmico por otra consulta. En realidad, la figura de la consulta sólo esconde una decisión personal de gobierno, que puede ser acertada o catastrófica. Lo importante de la cancelación del NAICM, la planta hidroeléctrica de Morelos o el tren del Istmo no fue la demagogia de la consulta, fueron decisiones unipersonales sin estudios que sustentarán las nuevas propuestas o sin hechos categóricos que demostrarán la corrupción que hubo. Pero si se analizan los señalamientos, muchos se clavaron con las consultas a modo, no con las decisiones. Es decir, la columna de humo distrajo la atención y cegó a los analistas.

    Hay que salirse de la provocación cotidiana del presidente y ver más allá. Preguntarse qué proyecto tiene y, lo más importante, ¿tiene proyecto? Con sus reformas estructurales, Peña Nieto quería cambiar una serie de constantes sociales y económicas, energía, educación, comunicaciones. Al final, la corrupción, la inseguridad, la resistencia de sectores sociales y económicos y la lentitud en los resultados visibles de dichas reformas devoró su imagen. El gran fracaso de este siglo es el de Vicente Fox. Propuso un cambio, pero nunca lo definió y nunca echó a andar algo que lo distinguiera de otros. El cambio nunca llegó.

    López Obrador se parece en el estilo y aspiraciones a los presidentes priistas de los años 60 y 70, pero en la vaguedad de su proyecto, ese que llama la 4T, es similar a los mandatarios panistas. En este contexto, lo que hay que cuestionar es a dónde nos llevan sus propuestas y ocurrencias. Eso es lo que hay que cuestionar. Las mañaneras son un acto de prestidigitación, no son serias, ¿por qué tomarlas seriamente? Lo que importa es todo lo que hace en la vida real. Se esconde ante la vista de todos. Esto es lo que hay que señalar: la destrucción de las instituciones, el autoritarismo, el voluntarismo y la persecución de quienes no están de acuerdo. 

     

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  • 29-04-2019EL DIFÍCIL TRABAJO DE SER OPOSICIÓN

    A diario, el presidente López Obrador mete la pata, se desboca en su demagogia, es repetitivo hasta la náusea, cambia las cifras reales por las suyas, descalifica, ataca y señala. Con tales prendas, habrá que preguntarse el por qué las oposiciones no han podido contrapesar su discurso.

    Hay varias razones para ello. En primer lugar, algunos de los partidos no están acostumbrados a ser oposición. Este es el caso del PRI, que está decidiendo todavía qué camino seguir hacia el gobierno actual, se debate entre el apoyo total o el apoyo total disimulado. El debate entre Narro y “Alito” es absurdo, ninguno de ellos representa un proyecto viable o la posibilidad de reconstruir al tricolor.

    El PAN está entrenado para ser oposición, pero doce años en el poder ablandaron a los políticos azules, además AMLO cambió las reglas del juego y los herederos de las glorias de Fox y Calderón todavía no saben cómo adaptarse a las nuevas reglas. Se ha vuelto un partido “respondón”, es decir, que espera a lo que dice el presidente para contestarle. Se les han agotado a los blanquiazules las propuestas atractivas y el espíritu de unidad. Todo parece indicar que perderán, producto de esto, Baja California, su bastión, y Puebla.

    Del PRD hay que señalar que busca reformarse, ahora que lo han vaciado de cuadros y posiciones. En pasillos se dice que busca ofrecer su registro a ciudadanxs con posibilidades de triunfo. Esta estrategia se parece a la que usó López Obrador para llegar hasta donde está. No faltarán los candidatos, pero sería conveniente que, a diferencia del tabasqueño que aceptó a toda clase de personas, el partido del sol azteca les pidiera cierta identidad progresista. 

    Del resto de los partidos, tal vez sólo vale la pena hablar de Movimiento Ciudadano, que ha logrado buenas votaciones y posiciones relevantes (el gobierno de Jalisco, por ejemplo). Esta organización se ha alejado del partido del presidente y ha acogido a personajes interesantes e independientes. Un error, lo puede poner a la orilla de la pérdida del registro, pero muchos aciertos lo pueden convertir en un partido de oposición progresista (o al menos independiente, no hay que ser exigentes).

    Andrés Manuel López Obrador tiene muchos opositores en todos los sectores de la sociedad: empresarios, intelectuales, periodistas, funcionarios, partidos, grupos de la sociedad civil, comunidades indígenas, etc. Sin embargo, puede estar tranquilo, no hay unidad de acción entre ellos, no hay proyecto alternativo a lo que sea que está haciendo el presidente (tampoco él tiene proyecto, tan sólo ocurrencias) ni capacidad de escandalizarse. Por esta razón, López puede asistir a una reunión abierta preguntar si están de acuerdo con el proyecto del Istmo y luego de la mano alzada, decir tan orondo que los indígenas están de acuerdo. A la soberbia tecnocrática de Peña Nieto se le ha sustituido por la soberbia demagógica de López Obrador. Desprecia a la oposición porque puede y no tiene costo ni respuesta firme.

    Mientras, lo poco que se había ganado en democracia, lucha contra la desigualdad y la corrupción se pierde en un proyecto (es un decir) que camina claramente a un gobierno autoritario y posiblemente dictatorial.

     

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  • 26-04-2019¿CAMBIARÁ LÓPEZ OBRADOR SU ESTRATEGIA POR PRESIÓN DE TRUMP?

    El presidente López Obrador ha dicho reiteradamente que la guardia nacional no se destinará a perseguir al crimen organizado, sino a proteger a los ciudadanos y ciudadanas. ¿Cuánto podrá aguantar su estrategia ante la presión del gobierno de los Estados Unidos para que persiga a las bandas del narcotráfico? No será fácil resistir esa presión. De hecho, ya hay un antecedente de que un señalamiento trumpista ha dado lugar a una modificación de la política seguida por el actual gobierno mexicano: la política de migración.

    Dentro de todas las metidas de pata que un gobierno puede cometer, el error con la migración ha dado lugar a un problema muy grave que amenaza con desbordarse (¿o ya se desbordó?). Tratando de diferenciarse de su antecesor en el cargo, López Obrador declaró una política de puertas abiertas a las caravanas (o las caravanas “madrecitas” de Sánchez Cordero), adicionalmente dijo que los migrantes podrían trabajar en obras como el Tren Maya. Esto funcionó como un efecto “llamada”, como dicen los expertos: se entendió que eran bienvenidos y tendrían trabajo. Si a esto se le suma la manipulación de la que fueron objeto muchos de los migrantes en sus países de origen y la desesperación por escapar de la violencia y las condiciones económicas, se tiene un buen coctel explosivo.

    Pronto, los migrantes, no sólo centroamericanos, llegaron, también vinieron del Caribe, Sudamérica, África y Asia, superaron la capacidad de las estaciones migratorias. Ahora hay un problema serio. Está claro que, a partir del 28 de enero se regresó a la vieja política practicada por Peña Nieto: convertir a México en una especie de muro (trumpiano) de contención, pero con mayor intensidad.

    Por supuesto, López Obrador nunca admitirá que metió la pata y seguirá afirmando que su política es distinta a la de Peña Nieto. Se vale, si le quieren creer es cosa de cada quien, pero los datos ahí están: se está deportando a un ritmo mayor que en el año pasado. Alguno de los embajadores centroamericanos ya lo ha hecho notar.

    Si el presidente mexicano ya cedió a su política de puertas abiertas con la migración, sea motu propio o por presiones de Estados Unidos, ¿por qué no creer que puede ceder en continuar la “guerra” contra los cárteles? Habrá que anotar que Peña Nieto operó con listas de capos a los que había que arrestar, deportar o eliminar. Fue sumamente exitoso en esta labor, pero su esfuerzo fue inútil y contraproducente, como ya lo señalaron varios expertos. Sin embargo, es muy lucidor para un gobierno capturar a piezas mayores, como lo es el Chapo Guzmán. Pero las buenas cuentas para el gobierno norteamericano no lo son para la sociedad mexicana.

    En este tema, hay que destacar que el actual gobierno está siguiendo la misma política cauta que su predecesor (“te pareces tanto al PRI”, dice la canción), pero con menos problemas. A Peña Nieto esta cautela le costó mucho políticamente, desde que le dijeran que era servil, hasta que era un “traidor a la patria”. A López Obrador le ha costado un par de artículos tibiezones en la prensa nacional. Nadie se desgarra vestiduras.

    Curiosamente, ambos presidentes, Peña Nieto y López Obrador, tienen razón en apostar a la mesura con respecto a un hombre tan deslenguado, agresivo y provocador como Trump. Se leyó bien: los tuiters del habitante de la Casa Blanca son más política interna que otra cosa.

     

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  • 24-04-2019¿LÓPEZ OBRADOR ROMPE CON LA CNTE?

    El pasado martes 22, de manera sorpresiva, fue incluida la primera lectura del dictamen de la nueva reforma educativa, a la que se puede denominar la bien llamada, para diferenciarla de la mal llamada. Inicialmente, el tema no se había incluido en la agenda. Las sorpresas siguieron: por la tarde, los jefes de las fracciones parlamentarias de la Cámara de Diputados se reunieron con el secretario de Educación, Esteban Moctezuma Barragán. Al salir de ahí, declararon que al siguiente día aprobarían la bien llamada. ¿Qué fue lo que ocurrió?

    La pregunta es pertinente porque lo último que se sabía era que no se aprobaría ninguna reforma educativa hasta no lograr un acuerdo con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), según lo dijo el presidente López Obrador y lo confirmaron las huestes morenistas en el Congreso. Más aún, al darse cuenta de que si no se aprobaba un nuevo marco legal se dejaría vigente la mal llamada, se recordará que el presidente lanzó su famoso memorando ilegal por medio del cual le pide a tres secretarios de Estado que no se apeguen a la ley.

    Esta parálisis de casi un mes y la actitud de los morenos se debió a las manifestaciones y bloqueos de la Coordinadora. ¿Qué ha cambiado que, de pronto, se avanza en el tema? La realidad es que los dos movimientos realizados por el presidente López Obrador y los legisladores conducían a un callejón sin salida. La decisión de no avanzar en el proceso legislativo hasta no lograr un acuerdo se estrelló contra el problema nodal: el control de las plazas y el presupuesto. El gobierno federal (o sea AMLO) no está dispuesto a ceder en esto y los maestros no están dispuestos a negociar si esto no se incluye. El segundo movimiento, el famoso memorando, trajo más peligros que ganancias pues al final el guiño no convenció a la CNTE.

    Los maestros disidentes denunciaron el “albazo legislativo” y aseguraron que no les dio tiempo de reaccionar, por lo que dejarán que la Cámara de Diputados haga su votación, pero se movilizarán en el Senado de la República para impedir se concrete una legislación “punitiva”. El dictamen aprobado en comisiones señala, entre sus puntos más llamativos: la desaparición de todo aquello que ligaba la permanencia de los maestros al resultado de sus evaluaciones; crea el Sistema de Carrera para los Docentes, por medio del cual se darán los mecanismos de ingreso, promoción y reconocimiento al servicio docente; desaparece el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y en su lugar se crea el Sistema Nacional de Mejora Continua. Como se sabe, esto no fue suficiente para los disidentes.

    De seguir adelante con el proyecto en contra de este grupo de la CNTE, significará la ruptura del presidente con un grupo que apoyó su candidatura. No imposible, pero difícil de creer. Para explicar este cambio en la actitud de MORENA habría que estudiar dos escenarios: a) se les dio algo a los maestros a cambio de que dejen pasar la reforma, o bien b) las "modificaciones de precisión" a las que se refirió el diputado Mario Delgado fueron escritas en letras menudas.

    Claro, siempre hay la opción de creer que se les convenció de manera razonable. (No es 28 de diciembre)

     

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  • 23-04-2019LOS ODIOS QUE NO DICEN SU NOMBRE

    Para ser un hombre que asegura que no odia a nadie ni a nada, hay que decir que el presidente López Obrador lo disimula bien. Cada vez que puede, arremete contra neoliberales, conservadores y fifís llamándoles corruptos e hipócritas. Si esto no es odio, se parece bastante.

    En el saco de los odios carga López Obrador con varios personajes y medios. Un buen ejemplo de esto lo dio el día de ayer en la mañanera. Un periodista de Reporte Índigo le preguntó si en verdad creía que la corrupción era el mayor problema de México o bien lo era la violencia que ha traído notas amargas en los últimos días. También, le preguntó si estaba convencido de que los programas sociales ayudarían de manera importante a reducir la criminalidad. Por último, el reportero lo cuestionó por su tardanza en reaccionar ante la matanza de Minatitlán, Veracruz, ocurrida la semana pasada.

    En su respuesta, sin tenerla ni deberla, el presidente López Obrador arremetió contra Reforma. No es esta la primera vez que sus lanzas se enderezan contra ese medio, pero sí es la primera vez que lo hace sin que viniera al caso. Esto quiere decir mucho sobre la forma tan peculiar en la que el mandatario acota la libertad de expresión. Su método es claro: primero golpea y descalifica y luego asegura que no hay censura. Pero las palabras tienen un significado, independientemente de lo que quiera el líder tabasqueño entender.

    Sus ataques siempre se amparan en su derecho de réplica. En esto le asiste toda la razón, el presidente tiene todo el derecho de defender sus puntos de vista si le son cuestionados… pero con argumentos, no con retórica barata y calificativos despectivos. Una de sus frases es como para la reflexión: “Reforma no me dictará la agenda”. ¿Qué quiere decir esto?, ¿acaso si un medio publica una nota incómoda, entonces está tratando de dictar la agenda del gobierno?

    El trabajo de la prensa, sea escrita o electrónica, es cuestionar. No hay prensa imparcial y qué bueno que así sea. Cada medio debe tener su proyecto y sus intereses. En la época dorada del PRI, los medios de comunicación (y muchas otras cosas) estaban al servicio del Señor Presidente de la República, así, con mayúsculas imperiales. No cuestionaban y si lo hacían podía suceder algo. Recuérdese el ataque echeverrista contra el Excélsior o el “no pago para que me peguen” de otro López (Portillo). ¿A esto aspira el presidente?

    El Reforma y otros medios no inventaron que el presidente se tardó en reaccionar sobre el caso de Minatitlán. En la realidad se tardó un par de días y lo hizo mal. AMLO dice que su gobierno de inmediato reaccionó, pero cabe preguntarse si el presidente en lo personal debe ser sensible directamente. La respuesta es afirmativa y él, simplemente, no lo hizo. Que la prensa se lo señale no es un ataque, sencillamente se publicó un hecho. En otros asuntos, el presidente ha reconocido errores, ¿por qué en esta ocasión no lo hizo?, ¿por qué prefiere escalar la andanada contra la prensa, en especial el Reforma? Acusar al Reforma de que guardó silencio ante la corrupción es una mentira. Si un medio hizo una cruzada contra el gobierno peñista y la corrupción fue precisamente ese y lo hizo con más frecuencia y con más contundencia que el propio candidato López Obrador, al que parece fallarle la memoria.

     

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  • 23-04-2019EN EDUCACIÓN, LÓPEZ OBRADOR DA VARIOS PASOS ATRÁS

    En medio de la abundante cantidad de noticias sobre la inseguridad que padece el país y las respuestas evasivas del gobierno federal, se perdió una nota que debía haber tenido mucha más atención. La Secretaría de Educación Pública (SEP) anunció la modificación de los criterios para acreditar grados de educación preescolar, primaria y secundaria. En un acuerdo publicado el 29 de marzo, se estableció que los grados de preescolar y primero y segundo de primaria, se acreditarán "con el solo hecho de haber cursado el grado correspondiente".

    Anteriormente, para acreditar preescolar y primero de primaria se requería al menos 80 por ciento de asistencia; para el segundo grado se exigía una calificación de seis o más en español y matemáticas, así como un nivel de desempeño mínimo de dos, “sobre un máximo de cuatro, en las áreas de desarrollo personal, social y en dos clubes de autonomía curricular.” El mencionado acuerdo establece la cancelación de repetir grados en los cinco primeros grados. No importa que el alumno o alumna no aprenda lo básico, simplemente lo pasarán de grado con el solo hecho de asistir.

    También en la secundaria hay cambios. Antes, “se reprobaba al estudiante que no pasaba en cuatro materias; sin embargo, el nuevo documento cambia el tope y lo eleva a cinco… La SEP eliminó de la boleta de evaluación los componentes de Educación Socioemocional y Clubes de Autonomía Curricular, que ahora sólo se comunicarán a los padres en forma oral o escrita y sin utilizar valores numéricos para calificarlos.” ¿Por qué se canceló esto? La respuesta de la SEP es maravillosa: "Se consideró pertinente realizar una revisión al Acuerdo de 2018, al detectar que el procedimiento previsto en el mismo implicó registros complejos que generaban una carga administrativa a los docentes". Es decir, era demasiado trabajo para los maestros y maestras.

    Es claro que detrás de los cambios también hay una modificación en la concepción del papel que debe tener la escuela pública. El presidente López Obrador ha dicho que le quitará a la educación todo carácter punitivo, es decir que entrañe presión sobre el maestro y los alumnos. Se puede entender que las exigencias actuales hacían desertar a muchos chicos y chicas. Ya no pasará eso. Con dinero en la bolsa y menos exigencias se disminuirá la deserción escolar. Las estadísticas mejorarán, pero no la calidad educativa.

    Se podría sospechar que las modificaciones son también un guiño al magisterio disidente, pero en realidad es un guiño a todo el magisterio y de paso a los padres de familia. El presidente López Obrador trata de ganarse a las maestras y maestros a través de varias medidas: quitarle los dientes a la reforma educativa peñista, aligerar el trabajo docente y reivindicarlos en sus discursos, como lo hacían los viejos presidentes priistas.

    Tampoco será problemático que los alumnos salgan de secundaria con un más bajo nivel que el actual. Ahora, habrá escuelas preparatorias y universidades (las de AMLO) hechas especialmente para su escaso rendimiento. El daño que se le puede hacer al país puede ser catastrófico.

    En septiembre del año pasado, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dio a conocer el Panorama de la Educación 2018, que trata del estado de la educación en el mundo, incluido México. De acuerdo con la prueba PISA 2015, elaborada por la OCDE, México se encontró por debajo del promedio tanto en ciencias como en lectura y matemáticas: lugares 58, 55 y 56 de 72 países, respectivamente. En ciencias no hubo avances entre el 2006 y el 2015, y casi la mitad de los estudiantes mexicanos no tenía el nivel mínimo necesario al finalizar los diferentes niveles de estudio.

    Si esta realidad es terrible y desoladora, hay que prepararse para que, con los cambios, empeore la situación. La sociedad no debe permitir que esto suceda. La educación de calidad trae exigencias y necesidades presupuestarias no asistencialistas. ¿O esto es una petición fifí?

    https://www.reforma.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?id=1659269&v=2

     

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  • 22-04-2019EL MEMORANDO DE LÓPEZ OBRADOR, UN PASO HACIA LA DICTADURA

     

    No es necesario probar aquí la ilegalidad del famoso memorando por medio del cual el presidente López Obrador les pide a tres secretarios de Estado que violen la ley. Constitucionalistas de prestigio han establecido bastante bien los argumentos en este sentido. Lo que cabe ahora es resaltar la gravedad del asunto, que va más allá del memorando en sí.

     

    Es claro que el memorando es un mensaje a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). El residente López le está diciendo a los maestros de esa organización (y de paso a los elbistas), que considera “justa” su lucha y que esta situación se encuentra por encima de la legalidad. El mandatario se ampara en el falso argumento de que se trata de una comunicación interna, sin efectos legales. Es muy posible que el asunto sea presentado ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), que tendrá que demostrar si el pánico que siente por las acciones del jefe del Ejecutivo es suficiente para neutralizarla o cumplirá su deber a pesar de todo.

     

    Sin embargo, la gravedad del tema va más allá de lo legal. Como gesto hacia la CNTE y las huestes de la maestra Gordillo es un acto político inútil que, incluso, debilita al tabasqueño; como mensaje a los partidos de oposición, opositores, legisladores y el resto de la sociedad es un acto de desprecio que puede derivar hacia una crisis política y jurídica, de la que puede salir fortalecido.

     

    En primer lugar, en lo tocante a la CNTE y Elba Esther Gordillo, el memorando es una manera de ceder terreno. López Obrador lo puede ver en su imaginación de cristiano primitivo como un gesto de generosidad y humildad, pero los maestros lo están percibiendo como debilitamiento del gobierno, una prueba de que sus métodos son efectivos y lograrán, eventualmente, conseguir lo que en realidad desean: el control de plazas y presupuestos.

     

    El segundo término es más grave. Decir que la justicia está encima de la legalidad es remitirse a una pregunta: ¿quién decide lo que es justo? La respuesta, por simple, debería causar temor: la justicia la decide el presidente López Obrador. Nadie más. Ahí no queda la cosa. Si en otras aventuras los morenistas no lo han acompañado (las cartas a España y el Vaticano), en esta sí lo están haciendo. Legisladores morenos y secretarios, así como aquellos enquistados en las redes sociales, le están haciendo segundas.

     

    Con esto, López Obrador y su corifeo han dejado claro que no piensan echarse para atrás. Esto obligará a que la oposición lleve el tema ante el tribunal supremo. Hasta ahora, los partidos de oposición y los constitucionalistas están criticando la decisión de López, pero no lo están convirtiendo en una causa política en el resto de la sociedad. De escalar este asunto, como debe ser, el presidente y su partido plantearán la lucha en los términos de una legalidad abusiva y una justicia redentora. En una sociedad sin mayor interés o conocimiento del tema, el mandatario puede ganar en lo político, con lo que se achicaría más la oposición y se estaría a merced del “sentido de justicia”, sea lo que sea que entiende López.

     

    El presidente López Obrador no debe ganar esta pelea, la oposición debe abandonar su actitud timorata y dar la pelea.

     

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  • 12-04-2019VENCIDAS CONTRA EL FMI (Y LAS DEMÁS INSTITUCIONES)

     

    El malvado Fondo Monetario Institucional (FMI), uno de los cuarteles de los neoliberales, aseguró que México no crecerá al 4% anual en el último año del sexenio. Con cinco ajustes a la baja sobre las perspectivas de crecimiento de país desde enero de 2018, la institución da solo un 2.74% para 2024. 

     

    ¿Otro sexenio de crecimiento mediocre? No, responde Carlos Urzúa, secretario de Hacienda del gobierno de la 4T y aclara que todos los pronósticos de crecimiento son “adivinanzas”. Con esto, la ilusión de que los economistas del mundo hacen un trabajo serio se desvanece; es mejor conseguirse gitanos con cartas o bola de cristal. Hay más, Urzúa dice que: “Andar pensando en lo que va a suceder en 2024 en un país es extraordinariamente riesgoso.” Es cierto, la 4T vive el momento, carpe diem, para qué creer que el trabajo de un gobernante es prever lo que sucederá en el futuro cercano si existe la emoción de la incertidumbre. La adrenalina anima a las personas.

     

    Queda claro que para el presidente López Obrador el 4% en 2024 es posible, como también es factible alcanzar el 2% para este año. Para el resto de las instituciones y calificadoras nacionales e internacionales eso no será posible (ni siquiera para la Secretaría de Hacienda y el Banco de México). El día de ayer, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) recortó el pronóstico de crecimiento para México de 2.1 (diciembre 2018) a 1.7%. Con esto se sumó al FMI que pronostica un promedio de 1.62%; el Banco Mundial (BM) ajustó a la baja a 1.7%; Fitch puso la cifra en 1.6%; pero el más duro fue el Bank of America (¡malditos neoliberales!) que sólo le dio un 1% para este año No hay que preocuparse, es un juego de “adivinanzas”: ¿quién es rojo pálido por fuera, pero tricolor por dentro?

     

    Sin embargo, no todo es culpa de la 4T. Todos los análisis hablan de condiciones mundiales adversas, con riesgos serios como la recesión. A América Latina le irá mal, según estas previsiones. Esto es llover sobre mojado, según algunos analistas: nunca hubo una buena recuperación a nivel mundial de la crisis de 2008 ni en el número de empleos, ni en los niveles salariales ni en la salud de las economías.

     

    Pero también hay situaciones internas que explican el resquemor sobre la economía mexicana: la cancelación del nuevo aeropuerto de Texcoco, la amenaza constante a las inversiones en energéticos, el castigo al sector turístico, la sensación que el plan de seguridad no marcha bien y un largo etcétera. Al leer los análisis de todas las calificadoras e instituciones parecería que se copiaron o bien que, en efecto, esas son buenas razones para espantar a los inversionistas.

     

    Jugar a las vencidas con toda esta estructura neoliberal y del demonio no sería tan grave si hubiera un plan alterno, pero al parecer no lo hay. De manera optimista, se podría suponer que, detrás de toda la palabrería y demagogia, el presidente López Obrador quiere tres cosas: 1) que el Estado tenga un papel más activo en la economía; 2) que disminuya la grave desigualdad social y económica; y 3) todo esto sin espantar a los inversionistas.

     

    ¿Se puede hacer todo esto?, ¿lo está logrando?

     

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  • 11-04-2019GROUCHO MARX Y AMLO

     

    Se atribuye a Groucho Marx aquella frase que reza: si no le gustan mis principios, tengo otros. Haciendo un símil, el presidente López Obrador podrá decir: si no me gustan las cifras de las variables económicas, tengo otras. Y lo más curioso es que tiene tela de donde echar mano para hacerse un traje nuevo, como el de aquel emperador de Andersen.

     

    Desde que se puso de moda hablar de la economía, de sus variables, de los vaivenes de la situación mundial, los medios se han acostumbrado a medir la marcha de la economía con variables objetivas, pero que no muestran un panorama completo. Las mediciones exponen promedios, tendencias generales, pero en general omiten algunos detalles.

     

    En esta idea, se dice que México ha tenido un crecimiento mediocre en las dos últimas décadas. Es cierto. Lo optimistas dirán que otros países entraron en crisis muy graves durante este periodo: Argentina, Brasil, Grecia, etc. Los pesimistas señalarán que el país tiene potencial para crecer más y que la culpa la han tenido los gobiernos. AMLO está en este grupo y culpa concretamente a la corrupción de priistas y panistas de la falta de empuje económico.

     

    Lo cierto es que el mediocre crecimiento mexicano ha soslayado algunos datos menores para los analistas económicos, mas no así para el grueso de la población: 1) el crecimiento de las grandes fortunas ha sido muchas veces mayor al de la economía en general. ¿De dónde viene esa riqueza?, ¿de lo visionario de los capitalistas en México? 2) el poder adquisitivo de los salarios se ha reducido drásticamente, a pesar de que los trabajadores laboran más días y horas que en el resto de los países de la OCDE. 3) la canasta básica se ha mantenido sujeta a una inflación leve en los últimos 20 años, pero lo cierto es que ciertos productos han disparado su costo y han desaparecido del consumo de grandes sectores poblacionales. Todo esto se sabe, pero se comenta poco a la hora de hacer los grandes análisis económicos.

     

    A la hora de que le fallen los números a López Obrador (y fallarán) sacará a colación todos estos datos para ofrecer una nueva manera de medir, ya no el “crecimiento económico”, sino el “desarrollo socioeconómico del país”. Dirá que su política de distribución de grandes cantidades de dinero entre sectores sociales necesitados les ha dado otra perspectiva, que el adelgazamiento de los gastos de la burocracia ha quitado privilegios y liberado recursos y que sus grandes obras posibilitarán el engrandecimiento del país. Se mezclarán datos, promedios y políticas para acceder a otras variables mensurables.

     

    Si el crecimiento del PIB no es ni siquiera del 1.5 en este año, echará mano de un nuevo índice; si la inflación sube por encima del 5% (cosa poco probable, por lo demás) o un producto básico se encarece, lo exhibirá en la mañanera y su gobierno entrará al mercado para abastecer el o los productos caros; si PEMEX pierde su calificación, desdeñará a las calificadoras y pondrá sus propios números. Las estadísticas pueden decir lo que convenga. Casi todo.

     

    El presidente podrá decir, de la mano de G. Marx: “A quien va usted a creer, ¿A mí, o a sus propios ojos?”

     

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